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Un café con Brigitte

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En Colombia existen muchos conocedores sobre la sostenibilidad y su importancia para el ecoturismo y los parques naturales, pero resalta el conocimiento y aporte que ha hecho el Instituto Humboldt. Por eso, desde hace mucho tiempo había querido compartir un café con su directora, Brigitte Baptiste, pero apenas hace una semana logramos sentarnos para hablar de estos temas.

Coincidimos en que cualquier iniciativa que se formule, se implemente y se desarrolle respecto a actividades turísticas debe incorporar aspectos económicos, de conservación y uso sostenible de la biodiversidad, con base en la participación e inclusión de las comunidades locales.

Conversamos sobre el proteccionismo a ultranza, de la explotación indiscriminada, de las fronteras entre sostenibilidad ambiental y desarrollo comunitario, de deterioro y aprovechamiento, de joyas para guardar y tesoros para mostrar: los parques nacionales hay que abrirlos a los amantes de la naturaleza y protegerlos del turista depredador, con políticas claras, inversión adecuada, servicios de calidad y autoridades que garanticen el orden, la legalidad y la conciencia ambiental.

Hablamos de los parques nacionales de otros países, santuarios naturales autosostenibles, con servicios de extrema calidad y opciones para todos los gustos y todas las edades. Comentó Brigitte de su reciente visita al parque Yosemite, en California, de la extraordinaria experiencia para el caminante, lo amigable de sus senderos, de la posibilidad del goce pasivo, la contemplación, del estricto control de los desperdicios: se ingresa con una bolsa y un inventario de lo que se lleva y se devuelve a la salida con basura incluida.

Comentamos el contraste con algunos de nuestros parques, que si bien ya están abiertos para los turistas, tienen lo mínimo necesario para que el turista ayude a su mantenimiento. No todos están iguales, pero en promedio falta señalización, manejo eficiente de desechos, guías bien entrenados y acceso a información sobre el lugar, su biodiversidad y sus comunidades ancestrales.

Requieren más sofisticación en los servicios, con una planificación a largo plazo que incluya manejo adecuado para el tráfico de personas, desarrollo de senderos para toda la familia -y no apenas para aficionados a la aventura-, estaciones de paso y seguridad. El producto turístico es una joya en bruto que tenemos que pulir.

Cerrar los parques para protegerlos es una opción egoísta que tampoco garantiza su supervivencia. Se requieren recursos económicos nuevos, políticas concertadas, cooperación internacional, comunidades locales preparadas para la prestación de servicios, garantizar la esencia de las culturas milenarias, certificar las buenas prácticas, buscar turismo internacional más sofisticado, como los observadores de aves, que conocen de la extrema fragilidad de los ecosistemas.

Destacaba Brigitte que, por ejemplo, con el Parque Chingaza, a apenas 55 kilómetros de la capital colombiana, se pueden hacer maravillas; además de disfrutar de una extraordinaria experiencia, podemos sensibilizar a las nuevas generaciones sobre la importancia de nuestra biodiversidad y obtener ingresos para reinvertir en su desarrollo y conservación.
Esa visión de Brigitte, que combina ecología y seguridad con desarrollo responsable, sostenible y sustentable, la necesitan nuestros parques y los líderes que deciden sobre nuestro futuro.

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