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¿Y si triunfan las monedas virtuales?

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La semana pasada la Superfinanciera reiteró que el sector financiero colombiano no puede transar en monedas virtuales y le advirtió al público que éstas no cuentan con el respaldo ni la vigilancia de la Super. Si los tumban, les roban sus monedas o su valor colapsa no habrá Fogafin ni prestamista de última instancia que los rescate. No es ilegal que los particulares transen o acumulen esas monedas pero si algo sale mal el Estado no paliará sus pérdidas.

La semana pasada la Superfinanciera reiteró que el sector financiero colombiano no puede transar en monedas virtuales y le advirtió al público que éstas no cuentan con el respaldo ni la vigilancia de la Super. Si los tumban, les roban sus monedas o su valor colapsa no habrá Fogafin ni prestamista de última instancia que los rescate. No es ilegal que los particulares transen o acumulen esas monedas pero si algo sale mal el Estado no paliará sus pérdidas. 

La decisión es salomónica. El Estado no tiene control sobre esas monedas y por tanto no es procedente ni que responda si algo sale mal ni que prohiba su uso. Que el público sepa que es problema suyo si decide usarlas es la única solución razonable. A futuro, y quizás no muy lejano, tendremos que pensar en mejores alternativas que la lavada de manos pero esto requerirá acciones acordadas entre varios Estados.

A diferencia de los múltiples embates libertarios que ha habido en la historia por crear monedas que escapen al monopolio de los Bancos Centrales, las monedas virtuales tienen el potencial de alcanzar una escala global. En el mundo hay suficientes usuarios incautos, libertarios conscientes, cuatreros cibernéticos y odio al sector financiero tradicional como para que estas monedas alcancen dimensiones económicas que hagan imposible que lidiemos con ellas con un parche ocular y con la estrategia de Poncio.

Pensemos en algunos escenarios hipotéticos. Supongamos que muchos colombianos empiezan a meterse en el mundo de bitcoin u otra moneda virtual. Empiezan, empresas e individuos, a transar en esta moneda entre ellos y con pares del resto del mundo. Las importaciones y exportaciones de algunos bienes ya no se hacen a la vista de los gobiernos con medios de pagos vigilados y respaldados por instituciones reguladas sino con monedas virtuales. ¿Cómo hacemos para impedir transacciones de armas o sustancias ilícitas o que las reglas del comercio se cumplan si no podemos observar esas transacciones? 

Otro escenario hipotético: muchos colombianos empiezan a comprar bitcoins con sus pesos. Obviamente existe una tasa de cambio implícita entre las dos monedas. ¿Qué pasa si súbitamente, como ha ocurrido recientemente, el valor de los bitcoins colapsa? Si el golpe lo recibe un número suficientemente grande de colombianos cuya riqueza se evapora, la respuesta será ¿se le dijo, se le advirtió y se le notificó? Cuando hay un terremoto que destruye las viviendas de una ciudad completa, la respuesta del Estado difícilmente es “les dije que compraran seguros contra terremoto”.

 Otra arista: supongamos que empezamos a retirar masivamente recursos del sector financiero porque ahora transamos en el mundo virtual. Los depósitos bancarios empiezan a declinar y con ellos el crédito. Algunos dirán que deshacernos de la tiranía de los bancos es justo el sueño libertario asociado a bitcoin. Pero ojo que esa tiranía representa una porción relevante de nuestra economía, de nuestra tributación y que su colapso jamás es buena noticia. 

Y finalmente, ¿cambian el rol y los mecanismos de transmisión de la política monetaria en una economía con fuerte presencia de transacciones virtuales? ¿Estar a cargo de la política cambiaria también incluirá vigilar el precio relativo del peso frente a otras monedas virtuales? ¿Acumulará el Banco de la República reservas internacionales virtuales?

La Superfinanciera hizo bien con su anuncio. Pero más vale que allí, en el Banco de la República y en el Ministerio de Hacienda tengan desde ya un equipo técnico pensando en los diferentes escenarios que podremos enfrentar a futuro si la utopía libertaria deja de serlo.

Twitter: @mahofste

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