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¿Quién quiere ser Bonifacio?

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Alberto, Bonifacio y Celestino son tres colombianos afortunados en el sentido literal de la palabra. Tienen patrimonios de $2.000 millones. Alberto vive en su finca ganadera. Es dueño del predio en el que pastan 100 reses. Esa propiedad, las reses y su vehículo suman $2.000 millones una vez descontadas las deudas que ha contraído. Bonifacio es un exitoso consultor. Nunca ha querido comprar una vivienda pues su trabajo le exige flexibilidad geográfica. Las ganancias que ha acumulado las ha invertido en acciones que a precios de mercado valen $2.000 millones. Celestino tiene 70 años. Nunca cotizó en el sistema pensional obligatorio pero ahorró algo en pensiones voluntarias. Hoy en día vive de ese ahorro más el arriendo de tres apartamentos que fue comprando a lo largo de su vida, siguiendo el consejo de su padre: “Mijo, compre casas que eso siempre se valoriza”. Esas propiedades y su ahorro pensional suman $2.000 millones. 

Como Santos había prometido que este sería el Gobierno de la equidad y al presupuesto le faltan ingresos por $12,5 billones, los tres temían que su patrimonio sería gravado. Y llegó la noticia: el Gobierno propone un impuesto a la riqueza para aquellos con patrimonios de más de $1.000 millones. Si uno no mira la letra menuda de la reforma concluiría que durante los próximos cuatro años Alberto, Bonifacio y Celestino deberían pagar $16 millones por cuenta del impuesto: $4 millones por año, correspondientes a 0,2% del patrimonio. 

¡Pero en realidad uno de ellos no pagará un peso de impuesto a la “riqueza”! ¿Será Alberto, porque este es el Gobierno del campo y porque ya pagó predial por su finca? ¿Será Celestino porque una buena parte de su patrimonio es su ahorro pensional y además al igual que Alberto ya pagó predial por sus apartamentos? No. El de la sonrisa es Bonifacio pues el impuesto se calcula sobre el patrimonio neto de deudas (hasta ahí A, B y C tienen $2.000 millones) pero excluyendo las acciones en sociedades nacionales. Sí. En serio. Las acciones no se cuentan como riqueza. Bonifacio pagará tanto impuesto a la riqueza como Luis Carlos Sarmiento por la propiedad del Grupo Aval: cero pesos. La razón por la cual arguyen la necesidad de excluir las acciones del cálculo de la riqueza es que las empresas ya pagaron y por tanto gravar a la persona dueña de las acciones sería cobrar dos veces por lo mismo. Argumento pobre a mi modo de ver. Si esa es la preocupación sugeriría bajar la tarifa a la mitad e incluir las acciones en el cálculo patrimonial. Pero con el argumento de la doble tributación también habría que quitar vehículos y bienes inmuebles del cálculo patrimonial pues éstos pagan impuestos locales similares al de la riqueza. Y de hecho en el proceso de acumulación de riqueza la gente paga renta; si luego le cobran por esa riqueza es como tributar doble renta ¿no? 

Bonifacio tiene otro motivo de alegría. Celestino y Alberto acudieron a sus servicios de consultoría para ver qué hacer con el anunciado impuesto. Su sugerencia: vendan las vacas y los apartamentos y compren acciones; únanse a la estrategia de los ricos que no pagamos impuestos a la riqueza. Si Alberto y Celestino le hubieran consultado a Luis Carlos Sarmiento habrían recibido el mismo consejo y uno adicional: que las acciones que compren sean del Grupo Aval. 

Adenda: la capitalización de la bolsa de Colombia supera los $400 billones. Si se excluyen las empresas públicas la cifra ronda los $250 billones. Un impuesto promedio de 1% sobre esa riqueza permite un recaudo de $2,5 billones. Y eso es sólo contando la propiedad accionaria que se transa en bolsa. 

Twitter: @mahofste

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