Analistas

Nueva fracasomanía

En los últimos días ha habido una nueva oleada de lo que Albert Hirschman-el afamado y recientemente fallecido científico social que en 1952 vino a vivir a Colombia, donde aparentemente tomaron forma parte de las ideas que plasmaría en sus libros y artículos dedicados al complejo tema del desarrollo económico-llamaba la fracasomanía. 

 
Los recientes resultados de la industria nacional han inspirado la prosa de los fracasómanos. Algunos han afirmado que el enfriamiento industrial prueba el fracaso de los TLC; otros se han atrevido a sugerir con incontrovertible vehemencia que el modelo de banca central semiindependiente colombiano es el culpable del fracaso industrial; otras, con sonrisa vengativa, han advertido que el fracaso se llama enfermedad holandesa (y se frotan las manos al ver una oportunidad de oro de devolver las burlas desencadenadas por una pregunta sobre el tema, hecha por el entonces candidato Santos, en un debate presidencial).
 
El mal desempeño industrial también ha envalentonado a quienes ven en estas aguas la posibilidad de pescar alguna política gubernamental que les favorezca. La tierra que han revolcado los fracasómanos es fértil para las malas ideas. Lo grave es que en algunos casos pasamos de las malas ideas a las malas políticas. Los llantos sectoriales se han materializado en diversas medidas de protección. 
 
Por ejemplo, fueron recientemente aprobados aranceles para proteger una vez más a la industria textil. Según el ex ministro Hommes la política implicará un sobrecosto de al menos 40% para los consumidores finales en prendas como bluyines. Los cafeteros, de nuevo, lograron que el resto de colombianos les subsidiemos su producción. Finalmente, en días pasados, se restringió la entrada de leche en polvo de Argentina. 
 
Hirschman, refiréndose a las demandas por protección escribía en 1968 (y de hecho lo dijo en el DNP en Bogotá un año antes) que “siendo la resistencia de los nuevos industriales perfectamente racional, uno no puede sino sentir que están basadas en una visión miope y excesivamente cortoplacista del proceso de desarrollo.” 
 
Sobre estas malas ideas convertidas en políticas incluso Raúl Prebisch-padre de la famosa estrategia de Industrialización por Sustitución de Importaciones implementada en Latinoamérica en la segunda mitad del siglo pasado-afirmaba en 1950 que “un mercado cerrado ha privado a los países latinoamericanos de las ventajas de la especialización y de las economías de escala y, debido a la protección otorgada por excesivos aranceles y restricciones, no se ha podido desarrollar una sana competencia interna, lo cual va en detrimento de la eficiencia productiva”. 
 
Consuelan las palabras del ministro Cárdenas ante la pregunta de si se vienen más medidas como las del sector textil: “estas medidas de apoyo debemos hacerlas lo más generales y transversales posibles, no específicas, a sectores puntuales. En la medida en que podamos diseñar políticas que beneficien a todos los sectores productivos de la economía y particularmente aquellos que se afectan por la revaluación tendremos mejores resultados”. Si bien consuela saber que el Ministro es amigo de las medidas transversales preocupa la proliferación de “casos aislados” de proteccionismo. Ojalá pasemos del dicho al hecho y el gobierno pueda ofrecerle colchón a todos en lugar de cobija, almohada y hamaca a unos pocos. Los anuncios recientes en materia cambiaria prometen un esfuerzo en esa dirección.