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Las izquierdas

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En Suramérica buena parte de los países está dirigido por gobiernos de izquierda. Brasil, Argentina, Uruguay, Venezuela, Perú, Bolivia y Ecuador tienen mandatarios cuyas plataformas políticas suelen ser encasilladas como zurdas. Si bien en el pasado reciente los gobiernos de izquierda de la región con frecuencia terminaron siendo ejemplos de libro de texto para estudiar altas tasas de inflación, crisis cambiarias y moratorias en la deuda pública, algunos de estos países parecen haber aprendido de la historia. Tristemente otros no lo hicieron y sus problemas empiezan a aflorar con vigor renovado cuando llegan los malos tiempos.

A medida que la ola de dólares baratos que nos inundó durante los últimos años empieza a ceder, vemos más que la mano izquierda levantada; cuando el agua baja del nivel de la rodilla empezamos a ver quiénes tenían las botas puestas. Descubrimos sin mucha sorpresa que al menos dos no tenían botas y uno había perdido una de ellas. 

Los dos que no tenían botas son Argentina y Venezuela. Hace un lustro, con un peso argentino se compraban más de 500 colombianos. Ahora ese mismo peso compra cerca de 250 pesos colombianos. En Venezuela la caída del Bolívar relativa al peso duplica la de su par argentino. Pero el precio es lo de menos. Ambos países mantienen fuertes restricciones a la compra de divisas por parte de sus nacionales y ambos han ido vaciando sus arcas de reservas internacionales. No sólo están caros sino restringidos. 

 La inflación en Argentina ronda el 25% mientras el gobierno sigue insistiendo que anda por el 10%. La de Venezuela supera holgadamente el 50%. Los datos de inflación citados son previos a las debacles cambiarias de los últimos días. Es probable que dentro de poco esos números sean mirados con añoranza cuando la nueva realidad cambiaria empiece a reflejarse en los precios internos. Seguramente el impacto será más serio en Venezuela donde la dependencia de las importaciones es mucho mayor. Al final, el pésimo manejo fiscal y una política monetaria acomodada al anterior, están en la raíz del problema.

El país con una bota es Brasil. La otra pierna muestra una pantorrilla con las cicatrices del Real que también ha colapsado en días recientes, una inflación que sin alcanzar los umbrales argentinos tercamente escapa de las metas del Banco Central que la persigue con alzas en la tasa de interés, mientras la economía no sale del letargo. Les queda el oxígeno del Mundial que alargará los tiempos del aterrizaje y le dará un tiempo extra al gigante de calzarse. Pero hacerlo en medio de la turbulencia no será sencillo.

¿Y a Colombia cómo la toma la marea baja? En el frente monetario la munición es amplia. La baja inflación le da al Banco Central espacio para dejar que la tasa de cambio absorba el efecto completo de la turbulencia sin temor a que la inflación se desborde. El mercado ha reconocido los buenos pilares macroeconómicos así que no habrá un castigo cambiario del tamaño del de nuestros vecinos. De hecho, en ambos frentes, el inflacionario y el cambiario, los incrementos serán bienvenidos por el Banco.  

En el frente fiscal, la capacidad de reacción es baja. No está claro cómo vamos a financiar el total del paquete de infraestructura que el gobierno ha diseñado. Las buenas noticias que puedan presentarse en el proceso de la Habana vendrán con una cuenta cuyo tamaño desconocemos. Vendrá otra reforma tributaria y en esta ocasión el objetivo será aumentar el recaudo. Subir impuestos durante los malos tiempos no es la mejor medicina para los estertores de la actividad económica pero las urgencias en otros frentes así lo demandarán. 

Si en el frente político el año luce aburrido, en el económico habrá acción. Aquí posiblemente baste con aferrarse con fuerza a la silla. En otros lados es imprescindible el cinturón de seguridad para el aterrizaje en plancha. 

Twitter: @mahofste

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