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¿De moño rojo a demonio rojo? Segunda parte

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En la columna anterior escribí que Reinhart y Rogoff, economistas de la Universidad de Harvard, publicaron una investigación en la que mostraban que había una asociación entre altos niveles de deuda pública y bajo crecimiento económico. De hecho, trazaban un umbral-90% de deuda/PIB-después del cual el desempeño económico se desplomaba. Resaltaba que R&R, en sus artículos académicos, habían sido cuidadosos en notar que sus resultados no permitían establecer que la alta deuda causaba el mal desempeño de la economía; podía ser al revés, que los malos tiempos aumentaban el peso de la deuda. Sin embargo, en el debate político sobre si Europa y Estados Unidos deben implementar medidas de austeridad en medio de la presente crisis, las investigaciones de R&R fueron citadas como evidencia de que había que aplicar medidas austeras. El recato semántico se perdió. Cerraba la columna notando que una investigación reciente mostró que R&R cometieron errores en el Excel que utilizaron en sus investigaciones. 

 
Con las cenizas aun calientes, con ánimos ‘linchadores’ humeando, vale la pena pensar en lecciones y conclusiones preliminares y sobre todo pausadas:
 
Primero, el error de Excel es desafortunado pero, con el pesar de los ‘conspiracionistas’, no se trata de mala fe. Ciertamente renueva el llamado a las revistas especializadas y a los investigadores en general a revisar con fervor los programas, modelos y estadísticas que respaldan las investigaciones. Pero con la creciente complejidad de las bases de datos y modelos que usan los científicos sociales, este no será el último error. 
 
Segundo, la política pública guiada por la investigación debe hacerlo sobre la base de cuerpos de conocimiento y no sobre un artículo particular.
 
Tercero, seguirá siendo cierto que los investigadores responden por lo que escriben y tienen poco control sobre el uso que otros le dan a sus trabajos. La tracción mediática que tienen los periodistas y los políticos trasciende a la que puede tener la mayor parte de los investigadores. El mal uso de sus conclusiones difícilmente lo pueden parar desde una trinchera académica. 
 
Cuarto, el recato semántico que mostraron R&R en su investigación lo perdieron en las notas periodísticas posteriores. En estas hablan abiertamente de causalidad: la alta deuda causa bajo crecimiento especialmente al traspasar el famoso umbral de 90%. A la hora de divulgar sus resultados y responder entrevistas R&R cayeron en la trampa de no separar la evidencia, de su propia interpretación de esta. Por esa rendija-sin entrar a juzgar si fue deliberada o por descuido-se colaron las mayores críticas que alcanzaron el clímax con las palabras de Krugman quién los acusó de haber “destruido casi por completo la economía de Occidente” al apoyar las medidas austeras en medio de la crisis.
 
Quinto, ¿en qué queda nuestro conocimiento sobre la importante relación entre crecimiento y deuda? A pesar de que el humo no se ha disipado quedan al menos tres lecciones claras. La primera, hay una asociación negativa entre crecimiento y deuda. En periodos de alta deuda las economías tienden a presentar flojos crecimientos. La segunda, la barrera mágica del 90% no resiste un escrutinio juicioso. No hay un salto en ese nivel, traspasarlo no lleva al abismo; la bajada existe pero no se inclina. La tercera, no hay certeza sobre los canales que generan la correlación. ¿Causa la alta  deuda bajo crecimiento o el bajo crecimiento causa alta deuda? ¿O ambas cosas? ¿O depende del caso? Paradójicamente, el episodio de R&R desatará un salto en las investigaciones sobre el tema. Los pasos adelante que produjeron sus investigaciones, seguidos del paso atrás con su Excel y su ambigüedad semántica, serán motor de respuestas más precisas. No creo como Krugman que R&R hayan destruido la economía de Occidente, pero eso es lo que está en juego. 
 
Twitter:@mahofste
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