Analistas

Carta a Clara

Comienzo por felicitarla. No tanto por el nombramiento sino por aceptarlo. Las trincheras de la oposición, como bien sabrá, son muy cómodas. Criticar, oponerse al Ejecutivo, poner en duda sus intenciones y sus calidades morales rinden grandes réditos políticos. Esa oposición cuando cae en la indignación es, como lo dice su colega de Salud “una forma de indiferencia, una renuncia al pensamiento y a la acción, una manera fácil de evadir los problemas”. Saltar de esa alfombra a la de construir y proponer, a enfrentarse a las restricciones y los matices que hacen del cambio social una compleja matriz de encrucijadas, requiere valor. 

Quisiera compartir con Ud. la que creo debiera ser la mayor angustia del Estado y que depende de su cartera (si bien requiere coordinación clave con Hacienda y Salud): el problema pensional. Empiezo por los costos. Sé que es antipático empezar por ahí, pero como ya sabe ahora que habita la orilla de las encrucijadas, ese aspecto es de primer orden. El Estado colombiano destinará este año $44 billones a los pensionados. Eso, para que nos pongamos de acuerdo, equivale a gastarse en pensiones $37 de cada $100 que el Gobierno recauda en impuestos. 

Bueno, dirá, pero ese gasto atiende a un gran porcentaje de la población. Pues no. Esos $44 billones sólo atienden las pensiones de dos millones de colombianos. Sí: destinamos el equivalente a más de la tercera parte del recaudo del gobierno nacional a las pensiones de sólo dos millones de beneficiarios. Se lo pongo de otra forma que le llegará al alma a Ud. que le duele la inequidad: 62% de esos pensionados pertenece al quintil más rico de la población y sólo uno de cada diez colombianos logrará acceder a una pensión.  

Como buena Ministra seguro Ud. está pensando en el futuro. Allí también le tengo noticias preocupantes. Dentro de 25 años la población colombiana de más de 60 años será de cerca de 13 millones. Eso significa que casi la cuarta parte de nuestra población será adulta mayor; la cifra actual que apenas supera 10%. Algunos alegan que no hay motivos de alarma porque muchos de esos pensionados ahorran en los fondos de pensiones privados. Pues bien, en general para los colombianos que tienen ingresos de más de dos salarios mínimos pasarse a Colpensiones les representa mayores pensiones porque el esquema estatal subsidia con particular fuerza a los más ricos. Doloroso ¿no?

¿Qué hacer, se preguntará? Lo primero es que el semestre entrante, cuando su Gobierno presente la propuesta de reforma tributaria al Congreso, Ud. debería apoyar con vehemencia que las pensiones altas paguen impuesto de renta. Y segundo, en la primera legislatura de 2017 Ud. debería liderar una reforma integral al esquema pensional. 

La buena nueva es que en términos de los detalles técnicos describiendo el menú de reformas posibles, no parte de cero. 

En el primer gobierno de Santos hubo una propuesta de reforma que nunca se presentó; en el Ministerio de Hacienda encontrará un equipo que ha pensado el tema con juicio; y el BID y la Ocde tienen propuestas recientes sobre los elementos a considerar en la reforma. Las banderas de la izquierda que ha agitado a lo largo de su vida son el mejor ropaje para pensar en un esquema que dentro de 25 años acoja con una vejez digna a esa cuarta parte de la población colombiana. Ah, pero recuerde las encrucijadas: los $37 gastados por cada $100 de recaudo y que atienden a sólo dos millones de pensionados; y que en 25 años tendremos 13 millones de viejos. Incluyéndome.