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Trafalgar y el proceso de paz

En la batalla de Trafalgar la flota del almirante inglés Nelson era muy inferior en número a la armada de buques franceses y españoles que Napoleón había dispuesto para interrumpir el comercio de Gran Bretaña y prepararse para invadirla. La táctica militar predominante en 1805 era disponer las flotas de buques lateralmente para poder disparar de lado al enemigo. Para enfrentar la batalla, Nelson entendió a fondo la situación y su ventaja competitiva de contar con artilleros más experimentados que los franco-españoles, separó la flota británica en dos columnas y enfrentó a su enemigo alineando su flota perpendicularmente a la de sus rivales. Los buques británicos que lideraban las columnas tomaron un gran riesgo, pero Nelson juzgó que los artilleros enemigos no serían capaces de compensar la fuerte marejada de ese día para impactar su flota. Gracias a su acertado diagnóstico de la situación la flota de Napoleón terminó perdiendo 22 naves, las dos terceras partes de su flota, mientras que los británicos no perdieron ni una sola. La victoria de Nelson es un clásico ejemplo de una buena estrategia derivada de un entendimiento profundo y cabal de la situación, y de una buena ejecución de esa estrategia.

La resolución del conflicto interno colombiano, como la batalla de Trafalgar, requiere de una lectura profunda para llevar el proceso de paz a buen término. Primero, las Farc ya no son el grupo guerrillero de otrora que alimentaba sus filas basados en su ideología marxista, sino un movimiento que basa su existencia y su poder en su capacidad de generar fondos por medio de sus actividades ilegales de narcotráfico, extorsión y protección de territorios para la minería ilegal. La generación de ingresos para financiar su “guerra” se ha vuelto un factor crítico para dar sostenibilidad a sus operaciones y reclutar menores. 

Segundo, las Farc hace rato entendieron que las bandas criminales y la delincuencia común dejaron de ser sus enemigos para pasar a ser, en circunstancias particulares, sus aliados en los negocios ilegales. Hoy en día las Farc brindan protección a narcotraficantes para que la fuerza pública no interfiera en sus actividades, le subcontratan a bandas criminales parte de la ejecución de atentados contra la infraestructura y comparten los beneficios en actividades ilegales. En términos empresariales, son muchas las sinergias que existen entre los grupos al margen de la ley para enfrentarse a los esfuerzos de la fuerza pública de mantener libertad y orden en el territorio nacional.

Por último, en un escenario de cese al fuego por parte de las fuerzas armadas la generación de caja proveniente de actividades ilegales les permitiría a las Farc acumular fondos importantes que, en el caso en que no llegar a una negociación exitosa, podrán ser utilizados a futuro por este grupo para financiar sus actividades.

Bajo este entendimiento de la situación todos los colombianos debemos comprometernos con nuestro apoyo para que el proceso actual de paz llegue a feliz término mermando significativamente los negocios que protegen hoy las Farc, por el nirvana que implica dejar atrás un conflicto de más de setenta años y porque el tamaño de la apuesta es tal que, si no se llega a un acuerdo y se recrudece el conflicto, el grupo guerrillero saldrá fortalecido con las arcas llenas de maravedíes mientras el gobierno estará sufriendo las restricciones fiscales propias de la caída en los precios de los commodities.