Analistas

Peñalosa la tiene clara

En redes sociales, las críticas al alcalde de Bogotá de desinformados, pseudo intelectuales, politiqueros de cafetín y reaccionarios han hecho carrera. Se le endilga a Peñalosa, sin causa ni razón, querer acabar con los programas sociales que la izquierda impulsó, favorecer a las empresas constructoras y no responder a las expectativas de por fin tener alcalde en Bogotá.

Estos ataques infundados, si bien tienen un impacto significativo y de corto plazo en su imagen, no le quitan al alcalde su visión de estadista con respecto a la Bogotá que quiere y su determinación de impulsar la ciudad de manera organizada, pragmática e inteligente. Y es que los retos no son menores. En 2040, la ciudad tendrá el doble de los habitantes de hoy y, por lo tanto, estructurar su desarrollo integral, incluyendo la vivienda, la infraestructura de transporte, los servicios públicos, de educación y de salud para los capitalinos no es un problema de discurso partidista sino del bienestar con que todos viviremos en nuestra ciudad.

En lo urbanístico, argumenta el alcalde, Bogotá debe ser una ciudad planeada y compacta que, por su naturaleza, requiera de tiempos de desplazamiento más cortos para sus habitantes y de una inversión menor en infraestructura de transporte. Las ciudades expandidas y de baja densidad no pueden atender las necesidades de sus habitantes con transporte público y en ellas termina imperando el uso del automóvil en trayectos largos, una solución a todos ojos ineficiente desde un punto de vista financiero, ecológico y energético. 

Afortunadamente, y a pesar de las equivocaciones de los anteriores gobiernos capitalinos, hoy Bogotá sigue siendo la novena ciudad más compacta del mundo con 202 habitantes por hectárea, muy por encima de París, Los Ángeles, Londres y Sao Paulo. Durante los últimos doce años los burgomaestres de Bogotá, y en especial Gustavo Petro, impidieron que se ampliara la oferta de vivienda en el Distrito Capital en la medida que incrementaron los precios de la tierra por medio de cargas y trabas a la actividad de la construcción. Como consecuencia la ciudad tiene hoy un déficit de 20% en vivienda formal, que ha sido compensado con macroproyectos de vivienda de interés social y prioritaria en municipios aledaños y con enormes desarrollos ilegales de vivienda informal y sin servicios en el sur de la ciudad. Los alcaldes de izquierda, en su falta de rigor, terminaron expulsando a los menos favorecidos de Bogotá o, dejándolos sin servicios públicos.

Ante el crecimiento futuro de Bogotá, el alcalde argumenta que se deben desarrollar organizadamente tres zonas alrededor de la ciudad: el suroccidente, la región de Mosquera y la Reserva Van der Hammen, al norte de la ciudad. No les haría daño a los ambientalistas sesgados y todos los desinformados sobre el tema pegarse una pasadita por Google Maps para descubrir que la mal llamada Reserva Van der Hammen no es más que invernaderos plásticos, canchas privadas de fútbol, colegios privados estrato 6 y, óigase bien, ni una sola quebrada, riachuelo o cauce de agua que la haga especial.

Siguiendo el plan Peñalosa, Bogotá tendrá en  2040 una huella urbana cuatro veces inferior en tamaño a la que se tendría sin un plan de este estilo, limitando la inversión necesaria en infraestructura vial y de servicios públicos, el inmenso daño ambiental y el consumo desaforado de energía. De la mano de esta visión está el bienestar futuro de los capitalinos que busca el alcalde.