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No estamos tan mal (2)

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En las competencias de velocidad del atletismo, donde Usain Bolt, Carl Lewis y Ben Johnson demostraron su capacidad, hay condiciones que se deben cumplir para homologar el desempeño de los atletas. En primera instancia, el tiempo entre el disparo y la patada del atleta no debe ser inferior a 0,1 segundos o será considerado como una salida nula. Por otro lado, el máximo viento de cola para que la marca se considere legal es de dos metros por segundo. La resistencia al aire también afecta a los velocistas que realizan mejores tiempos cuando corren en altura.

La razón de las reglas en las pruebas de velocidad es que el desempeño del atleta no solo depende de su capacidad, sino también de las circunstancias externas. Esto también es cierto al juzgar el desempeño de los gobiernos de turno, donde no pocas veces se minimizan las condiciones del entorno.

La situación actual del entorno colombiano es tal vez la más complicada en años, equivalente tal vez a un viento en contra de cuatro metros por segundo, con nieve, a pesar de lo cual los indicadores de desarrollo no han sido sub pares.

Revisemos para empezar la salud de nuestros principales socios comerciales de hace años. Venezuela está sumida en la peor crisis a nivel mundial, con una inflación proyectada para 2019 de 10.000.000%, un desempleo que supera 35% y una contracción del PIB de más de 18% en 2018. A diferencia de años anteriores, la crisis venezolana no solo se evidencia en la caída del superávit de la balanza comercial que pasó de más de US$4.800 millones a US$131 millones de 2008 a 2018, sino la migración a Colombia de más de un millón de venezolanos que el país ha tenido que acoger. La balanza comercial con Estados Unidos, a raíz de la política America First de Donald Trump, pasó de ser de casi US$9.000 millones positiva en 2011 a ser deficitaria en casi US$1.000 millones, a pesar de una devaluación significativa del peso colombiano.

Otra condición externa preocupante ha sido los obstinados precios bajos del petróleo, cuya referencia WTI ha vuelto a caer a US$50 por barril, precio no visto desde principios de 2017 y muy inferior a los US$100 en que se mantuvo años. Esto implica para Colombia un déficit fiscal significativo que golpea de frente la gestión del gobierno de Iván Duque. Con circunstancias similares, el gobierno anterior dejó una deuda pública superior a 45% del PIB. Un factor preocupante adicional es que el gobierno anterior entregó una estructura de financiamiento en la cual 75% de la deuda de corto plazo está denominada en dólares.

La situación de los flujos de capitales a los países en vía de desarrollo también se ha deteriorado en los últimos tiempos. Los incrementos en tasa de interés de la FED y la volatilidad de la tasa de cambio han reversado el flujo de capitales oportunistas de los países en vía de desarrollo a los paraísos seguros.

Con todos estos factores, los indicadores económicos de Colombia siguen en su mayoría sólidos, el desempleo sigue en una cifra, el crecimiento económico se mantiene positivo, la tasa de cambio ha permanecido relativamente estable, la clase media sigue creciendo y, según el Dane, la riqueza colombiana se reparte en 10% menos de personas. Hay que confiar en que, con mantener gobiernos sensatos a nivel central y distrital, un giro en el entorno proyectará al país hacia mejores tiempos.

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