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El rol de la universidad

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En 1876 los herederos de John Hopkins, magnate de los ferrocarriles y banquero, fusionaron el concepto de las universidades inglesas de Oxford y Cambridge con la visión de las universidades alemanas dedicadas a la investigación. Desde ese entonces las universidades americanas no solo han sido un modelo a seguir a nivel mundial de alianza público privada, sino que han contribuido consistentemente en el avance de la ciencia, incluyendo descubrimientos como el del genoma humano y los inicios de Internet.

El modelo americano de universidad ha sido eficiente porque además de educar a generaciones y generaciones de científicos y humanistas ha sido el canal por medio del cual el Estado ha canalizado los fondos para generar la innovación base para el desarrollo del aparato productivo.

En contraposición, el modelo europeo de universidad ha ido ocupando un espacio muy distinto en la sociedad. Manejado desde el Estado, ha perdido su eficiencia y su posición de vanguardia en manos de funcionarios más pendientes de su propio beneficio que del progreso y la relevancia de las instituciones educativas. Recientemente tuve la oportunidad de descubrir como en una universidad francesa de alto nivel la selección de cursos por parte de los estudiantes no está sistematizada mientras en las pancartas del campus abundan afiches de funcionarios postulándose a cargos en el sindicato de la universidad. La cultura de esta universidad no solo se refleja en su calidad de educación sino en su participación como motor de desarrollo de la sociedad. 

En Colombia, el modelo de universidad, como en Europa, ha estado lejos de convertirse en la base de desarrollo social y económico del país. En primer lugar la calidad de la educación superior es altamente desigual con instituciones de alto nivel de excelencia hasta universidades de garaje diseñadas por sus dueños como una pirámide financiera, haciendo del sistema un ejemplo de exclusión basado en el poder adquisitivo de las familias de los estudiantes.

En segundo lugar, la universidad no ha sido vista desde el Estado como una institución para el desarrollo de nuevas tecnologías e innovación. Invertir en ellas fondos estatales significativos ha sido considerado como una prioridad de segundo nivel en un país con tantas necesidades básicas insatisfechas, tanto de sus habitantes como de sus funcionarios. Por esta razón la generación de patentes desde la universidad es incipiente y su infraestructura está más adecuada para la formación de estudiantes que para servir de base al desarrollo de tecnologías.

Con el fin de adecuar la universidad a las necesidades cada vez más obvias de diversificación de la economía y la generación de clusters tecnológicos es necesario que desde el Estado se trabaje no solo en programas como Ser Pilo Paga sino fomentar en la universidad el fondeo de programas de investigación y desarrollo, no tan taquilleros en los medios pero con un impacto mucho más profundo en la sociedad. 

Si bien la equidad de oportunidades debe fomentarse desde el gobierno, hacerlo con programas estructurados que desarrollen las universidades como piedras angulares de desarrollo tendría retornos significativos para la sociedad en el mediano y largo plazo. En plata blanca esto implica regular el sistema para nivelar la calidad de la educación superior por lo alto e invertir dinero público significativo para desarrollar una base tecnológica por su intermedio.

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