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Más Fajardo y menos Petro

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Luis Guillermo Vélez Cabrera

A los que están aterrados con la elección de Claudia López como alcaldesa de Bogotá les digo una cosa: frescos. Claudia no es Hugo Chávez con pañoleta, pelo corto y novia. Tiene un programa de gobierno que en cualquier otro país se calificaría como de centro izquierda y, aunque la acompañan algunos petristas, su talante es institucional y democrático.

Eso es lo más importante. Lo demás es lo de menos, porque su función es gobernar una ciudad y no manejar el país o las Naciones Unidas. Lo que la gente quiere en Bogotá es mejor seguridad, más movilidad y empleo digno. Un CAI, una autopista, una ciclovía, un bus y un trabajo, o sea las cosas que los ciudadanos necesitan, son temas prácticos no ideológicos; independientemente de lo que Petro y mini-me Hollman nos quisieron hacer creer. Un metro es un metro y da lo mismo si es subterráneo o elevado, como da lo mismo que el gato sea blanco o negro desde que case ratones.

Claudia no es la quinta columna del comunismo internacional, pero sí tiene por delante un importante reto: demostrarle a la ciudad que es tan buena para gobernar como para echar discursos. Ya sabemos que un buen parlamentario opositor no se traduce de inmediato en un buen gobernante. La razón es sencilla: las habilidades para lo uno y para lo otro son inversas. Mientras que el opositor critica, divide y bloquea; el gobernante debe concertar, incluir y ejecutar.

El inicio de la obra del metro será su primera prueba de fuego. Ya veremos a los y las Robledos y a la señora Muhamad, como las brujas de Macbeth, susurrándole al oído intrigas para descarrilar el esfuerzo. No debe caer en la trampa. El contratista chino requiere supervisión estricta y no un alcalde cómplice con el saboteo de la obra. Otra papa caliente será el POT. En el país de las maravillas, el alcalde entrante y saliente concertarían la nueva norma; pero aquí, lo más seguro es que Peñalosa lo expida por decreto. La reacción debe ser con la cabeza y no con las vísceras. La principal fuente de empleo de la ciudad es la construcción y la incertidumbre jurídica podría paralizar al sector durante años.

Más adelante tendrá que lidiar con dos temas: la lucha contra la corrupción y la relación con el gobierno nacional. La honestidad a prueba de balas de Claudia es una de las razones por las cuales fue elegida. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de algunos apoyos. Bogotá también tiene sus Yahires, Oneidas y Aídas y están camuflados en el Polo, la Bogotá humana y en una facción del partido verde, esperando a que regrese la fiesta. Lo otro es que debe amarrarse al mástil y resistir la tentación de inmiscuirse en los temas nacionales que nada tienen que ver con la ciudad, que son la mayoría. Las relaciones con Venezuela, la reforma pensional y la política fiscal, por decir algunos, son problema de Duque y no del Alcalde de Bogotá.

Bienvenida una alcaldesa mujer, gay, de clase media, luchadora y honesta. Tiene todo para irle bien, siempre y cuando sea mas Fajardo y menos Petro.

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