miércoles, 5 de febrero de 2020

Más columnas de este autor Luis Guillermo Vélez Cabrera - lgvelezcabrera@gmail.com

A mediados de enero de este año estudiantes de la Universidad de Oxford ocuparon las instalaciones de St. John’s College, una de las facultades más antiguas y la más acaudalada de las que componen la prestigiosa institución.

El motivo de la ocupación era exigir que el fondo universitario, el endowment, vendiera sus acciones en empresas relacionadas con el sector petrolero, empresas como BP y Shell, donde se tienen importantes inversiones.

Ante la situación, el administrador del fondo, Andrew Parker, les informó a los estudiantes que le quedaba difícil desinvertir los activos en el corto plazo pero que, sin embargo, les hacía una contrapropuesta. Como era evidente que los estudiantes sentían que había cierta urgencia en tomar medidas en contra del calentamiento global les proponía apagar de inmediato la calefacción central del edificio, lo cual reduciría de manera significativa la huella de carbono durante los meses del invierno.

Los estudiantes respondieron furiosos acusando al señor Parker de provocador y este, con temperamento flemático inglés, les respondió que sí, que su idea era provocar a los estudiantes para que pensaran claramente y no exigieran a otros sacrificios que ellos mismos no estarían dispuestos a soportar.

Este incidente me recordó el debate sobre la reforma pensional colombiana, que por estos días ha vuelto a sonar, y que fue uno de los motivos de las marchas del año pasado, nutridas en su gran mayoría por estudiantes universitarios.

Al igual que en Oxford, los estudiantes colombianos también deberían pensar claramente y, si lo hicieran, se darían cuenta de que, por lo menos en esta materia, están siendo idiotas útiles en la defensa del más injusto e inequitativo sistema imaginable.

Lo digo, porque el sistema pensional de prima media -que es el sistema público- es uno de privilegios grotescos que beneficia, a un costo extraordinario, a unos pocos enchufados y deja por fuera a millones de colombianos. En cuentas simples el hueco del sistema absorbe cerca de una tercera parte del gasto social total, unos $20 billones, donde 65% de ese dinero, $13 billones, se va a pagarle pensiones desproporcionadas a 20% mas rico de la población.

¿Estos quiénes son? Pues los que han detentado el poder de decisión durante décadas (congresistas, magistrados, líderes sindicales, etc.), que lo han usado para otorgarse a sí mismos un pedazo enorme de la torta de la inversión social.

Resulta una perversa ironía que todos esos marchantes, que el año pasado se tragaron toneladas de gas lacrimógeno por cortesía del Esmad, lo hubieran hecho para defender los privilegios de la aristocracia del overol, de la toga y de la curul. Y no solo eso: la plata de esas pensiones saldrá de los bolsillos de esos mismos marchantes, quienes no tendrán posibilidad de recuperarla en el futuro porque el sistema, como está hoy, es insostenible. Si pensaran claramente, como recomienda el señor Parker, no estarían protestando en contra de la reforma pensional sino a favor de ella.