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Analistas 21/07/2021

Lecciones de una tragedia

La muerte del joven Julián Esteban Gómez es una tragedia nacional. Una promesa del ciclismo que se ganó el cariño de todos los colombianos cuando posó frente a Egan Bernal después del triunfo en el Tour de France hace unos años.

La reacción ha sido muy colombiana, una mezcla de anomia y desesperanza abstracta, donde se culpa al país por la tragedia individual. Por otro lado, la turba la emprendió contra el chofer de la tractomula, condenándolo de antemano por un hecho que ocurrió de manera accidental.

Por eso, antes de que el tsunami mediático borre todo rasgo de objetividad, vale la pena mirar algunos de los hechos. Según los reportes de prensa, Julián Esteban fue atropellado sobre la vía que conduce del municipio de Zipaquirá a Cajicá, cuando practicaba con un familiar. El chofer de la tractomula no tenía ninguna multa ni comparendo y resultó negativo para alcoholemia. Cuando ocurrió el incidente, Julián Esteban y su tío rodaban sobre la vía vehicular y no sobre la ciclorruta que está localizada al costado. La tractomula pitó, el niño se asustó y se cayó de la bicicleta con los resultados consabidos. El tío explicó que la razón por la cual iban en la calzada vehicular era porque en la ciclovía “hay gente paseando” y Julián Esteban, “por ser un ciclista de alto rendimiento”, debía ir por la carretera.

El caos imperante en las autovías del país los fines de semana generado por el tráfico vehicular y los ciclistas es espectacular. No pasa un día sin que ocurra una tragedia de este estilo. El problema, en adición a la tragedia humana, debela una crisis pasmosa de gobernanza. El arte de gobernar en democracia consiste en mediar entre intereses en conflicto para lograr un resultado de equilibrio, donde se satisfagan, así sea parcialmente, los deseos de unos y otros. Las anticuadas vías del país deben acomodar a los vehículos automotores -para quienes fueron construidas- y a los ciclistas de fin de semana.

En vez de la ley de la selva imperante, donde el chofer más desconsiderado se bate en duelo con el ciclista más temerario, se deben establecer reglas y responsabilidades para cada uno y asegurar su cumplimiento. La decisión de los familiares de Julián Esteban de entrenar donde lo hicieron, haciendo caso omiso de la cliclorruta que tenían al lado, los expuso a un peligro que resultó fatal. ¿Por qué no se ha pensado en horarios exclusivos para automóviles y ciclistas? ¿En zonas delimitadas en las vías en las que no hay ciclovías? ¿En recorridos especiales durante los fines de semana exclusivos para ciclistas? La subida a La Calera, por ejemplo, se podría cerrar al tráfico vehicular los domingos a primeras horas de la mañana. Todo esto con la contraprestación de que los automotores tendrán su prioridad en los demás horarios. Estas decisiones no son fáciles. Es solo cuestión de gobernar, algo que está faltando con protuberancia por estos días.

Nota al pie: A todas estas, ¿dónde esta la Agencia Nacional de Seguridad Vial? Una buena idea que se quedó enmarañada en la burocracia y la inefectividad.

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