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Trump y Putin

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La semana anterior se presentó un encuentro entre dos de los representantes de la política global más controvertidos, polémicos y desacreditados del escenario internacional, a causa de sus acciones en los diversos espacios en los que han intervenido. Se reunieron Donald Trump (el otrora dueño de realities) y Vladimir Putin (el antiguo espía de la KGB) en Helsinki, y de ello algunos asuntos se pueden analizar.

Algo particular en el citado encuentro es que este se haya sellado solo con un cruce de manos, no con un documento oficial como se acostumbra en cumbres de líderes o jefes de Estado.

No hubo comunicado público, ni tampoco un documento escrito al respecto. Contrario a ello, más diplomacia informal, de la que Trump y Putin aplican con relativa frecuencia, rompiendo los canales tradicionales y transmitiendo la sensación de probables pactos secretos entre los dos hombres, no entre los Estados que administran.

Obviamente, las críticas no se hicieron esperar y hay quienes, incluso, acusan al presidente estadounidense de estar acordando asuntos dañinos para la institucionalidad del país.

Sobre los aspectos a tener en cuenta, está en primer lugar el escenario económico. Como se sabe, existen diversas sanciones que se han impuesto al gobierno ruso y a algunos empresarios de ese país, como mecanismo para forzar cambios en su comportamiento. Se esperaba que fuera un tema que ocupara una importante porción del encuentro bilateral, pero en realidad apenas si se conoció que se refirieron a ello.

Se esperaba encontrar una posición enérgica de lado y lado (mucho más del lado ruso), pero no fue así, y algunas fuentes están señalando ahora que Moscú trabaja fuertemente de la mano de los empresarios, procurando que sean ellos los que lideren un proceso de negociaciones que permita terminar con las sanciones y los embargos impuestos por Washington.

En segundo término, y aunque Putin ha hecho creer a muchos que luego del encuentro fue él quien obtuvo los mejores resultados, la realidad demuestra que todo tiende a ser más retórica que cualquier otra cosa.

Sobre lo económico ya se escribió que no hubo avances, pero tampoco en otras materias en las cuales Rusia esperaba obtener ventajas. Algunas de ellas ligadas directamente con su rol en la política global como, por ejemplo, lo referido con la anexión de Crimea y el acuerdo nuclear con Irán. Se esperaba ver allí a un Trump comprometido con destrabar esos asuntos, pero no fue así.

Además de lo anterior, está el tema energético de fondo, en el cual hubo gran pasividad y apenas si se notó a Trump planteando la posibilidad de algunas concesiones para que los planes rusos de expansión hacia Europa no se vean perjudicados.

Finalmente, los líderes tienen en medio de sus dilemas el tema neurálgico de Medio Oriente. Lo que ha venido ocurriendo en Siria, con una guerra civil irregular (dado que tiene actores internacionales involucrados en ella) está muy ligado con las acciones de política exterior rusa, pero también atañe a la Otan, en la cual Estados Unidos tiene un rol preponderante aún (incluso, a pesar de que Trump está deseoso de no aportar más recursos a dicho organismo).

A nivel interno, el presidente estadounidense recibió cualquier cantidad de críticas, no solo por la manera en que precisó su acercamiento con Putin, sino fundamentalmente por los temas que tocó y la manera en que lo hizo. Los medios de comunicación, en general, se dedicaron a reproducir lo que algunos de los representantes del legislativo, líderes de los partidos demócrata y republicano, y personajes con gran capacidad de influenciar en la opinión pública han señalado.

Según muchos de ellos, lo realizado por el Presidente fue un ataque directo a las instituciones del país, en la medida en que expresó confiar más en el mandatario ruso y todo su equipo de gobierno, que en las oficinas de control, inteligencia y administración pública estadounidense.

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