Analistas

La muerte de Santiago Maldonado

Por estos días se confirmó la muerte de Santiago Maldonado, un joven aventurero, tatuador y amante de la naturaleza, que participaba de una protesta mapuche en Argentina (en la provincia de Chubut). Sin ser parte del movimiento, ni aparecer claramente como activista, Maldonado se solidarizó con dicho pueblo para defender sus derechos ancestrales sobre un territorio que ha venido reclamando la firma Benetton. Finalmente, el episodio de su muerte terminó tan politizado que la existencia de su ser se relegó ante el debate de posiciones, no solo domésticas sino internacionales.

Luego del primero de agosto, día en que la Gendarmería argentina tomó el control en dicho lugar, Santiago despareció y las versiones sobre lo sucedido se presentaron desde diferentes perspectivas, contrariándose entre ellas y argumentando de acuerdo con el color de la lente utilizada. De ahí que lo único claro fue que desde ese día no se supo más de él y solo hasta ahora se halló su cuerpo, según las autoridades argentinas, sin ninguna señal de maltrato ni violencia física. En medio de los sucesos y pronunciamientos, es preciso destacar algunos aspectos.

El primero de ellos tiene que ver con el uso de las redes sociales. En general, se trata de instrumentos colmados de “basura” e información sin sustento ni rigor. El grueso de su actividad es banal e improductiva. Sin embargo, en algunas oportunidades (como esta que se analiza), dichas redes cumplen una función con efectos positivos. Una vez creado el hashtag #DondeEstaSantiagoMaldonado, éste se replicó por doquier, generando una inmensa presión en diversos sectores de la sociedad, no sólo argentina, sino internacional. Aunque no fue ágil el proceso, al final se llegó al cuerpo del muchacho. Distinto a lo sucedido con los miles de desaparecidos en el país.

Aunque no tan positivo, un segundo aspecto a considerar se relaciona con que, al trascender sus fronteras, se vio cómo algunos actores latinoamericanos se fueron directo a dichas redes a dejar mensajes acusatorios. El presidente boliviano se apresuró a señalar que lo sucedido con Maldonado había sido “un cobarde y condenable asesinato que debiera ser esclarecido a la mayor brevedad”. Sin duda, su irrestricta alineación con Caracas lleva a que estas desafortunadas declaraciones se presenten, sin indagar siquiera la realidad de los acontecimientos. Y esto, porque Nicolás Maduro, de entrada, acusó a la Gendarmería del asesinato, sin conocer potenciales pruebas al respecto.

Finalmente, entre otros importantes elementos, está el contexto en el que se presentó la muerte de Maldonado. Ocurrido en pleno periodo electoral para las primarias legislativas, cobró un significado político inusitado y bastante diferente a si se hubiese presentado en otro momento. El hecho se involucró en todo lo que durante las últimas semanas se desplegó en torno a las campañas.

Mucho se ha debatido el tema de las desapariciones forzadas en el país suramericano, una vez terminó el periodo cruel de la dictadura. Existen diversos estudios y organizaciones que señalan que, incluso hoy, el Estado sigue permitiendo que un delito como éste, de la mayor gravedad desde la óptica de la violación sistemática de derechos humanos, se siga presentando. Esta es la razón por la que tanto oficialistas como opositores tomaron partido para referirse al tema y usarlo (hasta abusarlo) en medio de la campaña electoral que recién finalizó.

Cada quien usó el tema de acuerdo con su conveniencia. De un lado Fernández de Kirchner, del otro Macri. De un lado la izquierda regional, del otro la derecha. Así, quedaron consignados los efectos de la muerte de una persona como riqueza política para el debate; pero Santiago solo en la memoria de sus seres queridos, nunca en la de los que detentan el poder, quienes sin más se ocuparon de usar el hecho. Al final, le sirvió más al oficialismo, pues se quedó con los mejores resultados.