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Analistas 02/09/2026

La geopolítica del agro, ministro

LUIS FERNANDO GARIBELLO

Las crisis son lo que ponemos encima para no tener que mirar el verdadero problema: Ormuz, Rusia y Ucrania, el fenómeno de El Niño y una larga lista, y por no atacar la causa, nos hemos acostumbrado a llegar tarde a todo: apagar incendios y cubrir deudas imposibles de pagar.

Entre enero y mayo de 2008 el precio del arroz se disparó un 300%. Considerando que la primera cosecha se realiza entre febrero y abril, los cultivadores tradicionales vieron cómo su caja rebosaba; ya para el segundo periodo, el de mayor producción y cuya cosecha va de julio a octubre, la gente buscaba tierra para sembrar sin siquiera preguntarse por qué sucedía este “milagro”: simplemente todos, sin mayor experiencia, se disputaban a punta de chequera el arriendo de alguna de las 45.000 hectáreas que usualmente se siembran para ese semestre en el Tolima, según la Encuesta Nacional de Arroz Mecanizado del Dane.

Cuando la fiesta estaba en su esplendor, la música dejó de sonar, y así como subió rápido el precio, así mismo cayó. Los arroceros sufrieron una crisis que provocó pérdidas por miles de millones, y el gobierno de entonces tuvo que lanzar salvavidas de última hora, a pesar de la estrechez económica en la que se mantienen nuestras finanzas públicas; esto se pudo evitar.

Como en toda fiesta, se perdió el control: se rompieron todas las normas sanitarias en este afán desenfrenado. Se cultivó semilla “de costal” (sin certificación) y se contaminaron miles de hectáreas, pues, al no contar con los equipos suficientes para atender el inesperado auge, se trasladaron máquinas de un lado a otro, generando con ello una contaminación cruzada que aumentó la exposición al riesgo. Es como quien usa la misma tabla de cocina para cortar el pollo y la fruta del desayuno: después, se enferma la familia, sin duda alguna.

Así cocinaba la crisis: Vietnam e India empezaron a restringir las exportaciones debido al aumento del precio del petróleo, que llegó en junio de ese año a US$130 el barril, lo que incrementó el valor de los insumos; el precio del trigo también se disparó, los dos cereales más consumidos y baratos del mundo.

El gobierno indio decidió priorizar el arroz sobre el trigo en un país por entonces de 1.207 millones de bocas. De inmediato, muchos países productores restringieron sus exportaciones garantizando su seguridad alimentaria, y cundió el pánico.

Estados Unidos: allí se consume 85% del arroz que se produce, unos 12 kilos por persona al año, y dado el alto número de asiáticos que viven allí, el golpe se sintió: las grandes superficies limitaron la compra de arroz por cliente, algo impensable en el país que inventó el capitalismo. El problema nunca fue la escasez, sino el aumento de los precios derivado de otros aumentos en su cadena de producción. Algo muy parecido a la actualidad con los productores de maíz de Estados Unidos, acorralados por los insumos escasos y costosos desde Ormuz. (La Cartografía de las crisis, La República, marzo 2026)

Para inicios del segundo semestre los problemas se resolvieron y los precios cayeron: se normalizó todo, menos en nuestro país.

Mayo 2026: en un chat que conservo, unos amigos que cultivaron maíz para silo en un proyecto pensado un año atrás en Tolima tenían todo calculado y, sin embargo, ya me decían que las pérdidas en el cultivo secano de esas regiones eran gigantescas. El fenómeno de El Niño ya había sido advertido en el primer trimestre de este difícil año por climatereanalyzer.org, de la Universidad de Maine, la Noaa y el mismo Ideam. Esto lo sabían bancos, gobernaciones y alcaldías, quienes no actuaron a tiempo: cuando los cultivos ya se habían perdido, los dejaron secar en el lote, cuando debieron ararlos en lugar de sembrar.

Lo que le sugiero al ministro Dangond es que el enfoque de su cartera sea de anticipación: hoy contamos con herramientas para modelar mercados, clima y otras tantas variables; se deben fijar tareas claras a las autoridades regionales y a las entidades del sector para que trabajen con objetivos definidos. Por otra parte, su proyecto de desarrollo en la Altillanura es el camino; todo mi respaldo a esta esperada y siempre postergada iniciativa.

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