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Estos términos se usan ahora incesantemente para definir formaciones políticas y supuestas posiciones ideológicas. Frecuentemente son generalizaciones burdas, imprecisas, llenas de contradicciones y paradojas. Valga recordar que estas palabras, por sí solas, sin contexto, carecen de significado concreto. Nacieron simplemente para señalar dónde se sentaban los miembros de las distintas facciones en la Asamblea Nacional de la Revolución Francesa en 1789; los más radicales, a la izquierda del presidente.
Los alcances fueron evolucionando durante los siglos XIX y XX y continúan haciéndolo, en cada país y circunstancia. Un último gran cambio sucedió en 1989, cuando cayeron los regímenes de la esfera soviética, en teoría todos comunistas o de izquierda, llevando a una redefinición sobre el sentido de la misma.
En Colombia, grupos políticos que se autodenominan de izquierda están representados en la Presidencia actual y aspiran a un nuevo mandato. Al decir que personifican al “pueblo” o a los más pobres, que por definición son mayoría, consideran que tienen la fórmula electoral ganadora. La derecha sería entonces la antípoda, y peor aún si se la llama “extrema” o “ultra”.
El Pacto Histórico en el gobierno ha buscado agigantar el Estado e intervenir directamente la salud, las pensiones, la educación, la formación de precios de las empresas, la tributación, etc. Curiosamente, esto lo ubica en el mismo camino que Francisco Franco o Benito Mussolini, quienes buscaron implantar un control estatal absoluto y limitar el libre mercado. ¿Eran entonces ellos de izquierda? Las similitudes no paran allí. El ultranacionalismo, manifiesto en la exaltación de lo indígena, en las glorias de la independencia y en un rechazo total a Estados Unidos; el corporativismo, encarnado en el protagonismo de los grandes sindicatos por sectores industriales; la demostración de poder en las calles mediante la utilización de hordas agresivas, como la Primera Línea y las mingas invasoras; el desdén por los intelectuales y la formación profesional; el rechazo al sector financiero y a los capitales internacionales; son todos puntos comunes entre el Pacto Histórico y el fascismo italiano de hace 100 años.
Otras afinidades de su cúpula son las que tiene con la Cuba de Castro y la Venezuela del Psuv, regímenes que se llamaron “de izquierda”, pretendieron que buscaban el bienestar general y terminaron siendo tiránicas dictaduras donde unas pocas personas se apoderaron de todo, dejando a la población en la miseria. Su cercanía a estos sistemas y propuestas como la convocatoria forzada de una Constituyente o la eliminación del Consejo de Estado nos llevan a contemplar con temor el abismo de la autocracia.
Izquierda, derecha y centro son una representación lineal de la política, la sociedad y el gobierno. Los seres humanos tienen intereses y motivaciones multidimensionales y difícilmente van a encajar con todas sus características en una sola propuesta política. Asuntos relativamente pequeños, como la empatía, les pueden conquistar el voto. Lo importante para Colombia es que todo el espectro político que participe en las elecciones esté de acuerdo con luchar por preservar la libertad, la democracia y sus instituciones.
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