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Sofía abrió los ojos tras doce días de oscuridad y no encontró paz. Encontró una angustia que le apretaba el pecho al no reconocer su propia vida. En ese hospital la existencia dejó de ser un plan a futuro para convertirse en el asombro por el aire que entra en los pulmones. No se sentía curada. Sentía tan solo el alivio de respirar.
Antes de ese silencio ella ya caminaba en un coma consciente. Cumplía con rigor la lista de mercado que impuesta a los adultos exitosos. Colegio. Intercambio. Carrera. Especialización. Maestría. Carro. Casa. La prisa por cumplir expectativas ajenas terminó por silenciar el sentido propio. Estaba en un coma de vida.
La caída fue física y el alma le dolió más que el cuerpo. Una reacción química inesperada apagó sus sistemas y la obligó a soltar el control. La desconexión con la vida la despertó. Fue ahí donde apareció la gratitud. Agradecer por parpadear. Agradecer por el techo. Por amar, los problemas, las personas. La palabra gracias dejó de ser un sonido cualquiera carente de propósito para transformarse en una decisión. Ella descubrió que existe una diferencia abismal entre pronunciar una palabra por cortesía y permitir que una emoción transforme hasta la química del cerebro. Mirar a los ojos a alguien y agradecer su presencia requiere un propósito real, una presencia absoluta. La hiperproductividad obliga a realizar lo urgente en lugar de lo importante y el agradecimiento aparece allí como una herramienta de rescate. Esa conciencia mínima le permitió salir de sus ruinas emocionales. Mirar a los ojos y sentir el agradecimiento cambia la química de cualquier cerebro. Ella comprendió que si uno no es feliz con lo que tiene tampoco lo será con lo que le falta. La gratitud es la clave para llegar a la plenitud. Es un entrenamiento diario que desafía la inercia del desgano y la superficialidad.
La gratitud funciona como un botiquín de emergencia que no se guarda en el baño sino en el centro del pecho. Agradecer el pasado, bendecir el presente y comprometerse con el futuro forman un esquema diario de plenitud. Las personas felices no siempre son agradecidas, pero las personas agradecidas invariablemente encuentran la felicidad. El poder de la gratitud es el testimonio de Sofía Spaggiari, quien volvió de un coma profundo no solo para recordarnos que agradecer es la única forma de habitar el presente con dignidad, sino para compartir sus herramientas para transformar el día a día de quien confíe en que el agradecimiento es la memoria del corazón.
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Lo complejo de estas elecciones es la falta de claridad y liderazgo de la mayoría de los partidos políticos, que no cumplen con su propósito esencial y fundacional
Petro la percepción de riesgo de Colombia se ha deteriorado exponencialmente, y salir de ese hueco en que nos deja esta gente nos va a costar muchísimo. Pero bueno, también como dicen las abuelitas, esto es lo que hay y los errores se pagan caro en esta vida. Ojo con el 2026