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Hace una semana, los reguladores estadounidenses intervinieron y rescataron al banco Silicon Valley Bank (SVB) que prestaba servicios bancarios a startups (incluyendo un número importante de emprendedores latin@s) y a fondos de capital de riesgo (venture capital funds) del sector tecnológico principalmente.
Se unió a su caída, el banco Signature Bank (banco establecido en Nueva York hace 24 años que, entre otros, prestaba dinero a empresas del sector de los activos digitales y facilitaba transacciones entre criptomonedas) puesto que los reguladores consideraron que presentaba un riesgo sistémico.
La búsqueda de los culpables apenas empieza. Las teorías para explicar lo sucedido son variadas y generan controversia - van desde conspiraciones políticas e ideológicas hasta atrevidas acusaciones a las iniciativas en temas de diversidad e inclusión y a los criterios de sostenibilidad (ESG).
El presidente de Estados Unidos Joe Biden y otros demócratas, culpan al ex-presidente Trump por los cambios regulatorios implementados durante su gobierno; más insisten, en que el sistema financiero está a salvo.
Algunos republicanos aprovecharon esta oportunidad para politizar la situación y criticar al gobierno de Biden; DeSantis (aspirante a la Presidencia), culpó a la supuesta obsesión de SVB con inversiones socialmente progresistas (“woke”) que parecía tener el banco.
Analistas financieros explican que la crisis se debió a la estrategia financiera del banco y el aumento de las tasas de interés; según Larry Summers (ex-secretario del Tesoro estadounidense), SVB habría cometido un error elemental -tomar dinero prestado a muy corto plazo e invertirlo a largo plazo (en bonos del Tesoro) y con la subida de las tasas de interés de la Reserva Federal estos activos perdieron valor.
El Departamento de Justicia (DOJ) y la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) abrieron investigaciones - al parecer, el CEO de SVB y su director financiero vendieron parte de sus acciones unas semanas antes del colapso.
Y un renombrado columnista del Wall Street Journal, se preguntó si el hecho de tener algunas mujeres, una persona de raza negra y otra que se identifica como Lgbtq en la junta directiva de SVB sería la razón de su fracaso.
Y la saga continúa y sigue sin estar claro quién o quiénes son los causantes de estas quiebras. Parecería sensato creer que los errores en la gestión del riesgo y de juicio de los directivos del banco, junto con la elevada inflación y un contexto económico complicado jugaron un rol importante y podrían ser los verdaderos responsables de las repentinas caídas. Se suma el pánico del público que desencadena decisiones irracionales.
Más el culpar a un espacio de trabajo o una junta directiva diversa, o el pensar que inversiones realizadas con una visión sostenible, con base en criterios social y medioambientalmente conscientes, tuvieron algo que ver con el desplome de los bancos muestra ignorancia y desinformación. Creer que 12 hombres blancos y heterosexuales podrían haber evitado este desastre es prueba de desconocimiento de la historia. Estas opiniones dejan en evidencia que el camino por recorrer para crear un mundo más diverso e inclusivo sigue siendo largo y tortuoso.
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