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¿Publicar o autopublicar libros?

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Las editoriales siguen dando prestigio y acompañamiento a los autores, pero cada vez es más común ver obras autopublicadas y autoeditadas de todos los géneros.

Por supuesto, internet ha sido un gran impulsor de esta modalidad. El autor puede publicar sus textos en cualquier plataforma sin invertir un solo peso. La inversión está en su tiempo y su conocimiento.

Las autopublicaciones ya existían antes de la era digital, pero solo para quienes tuvieran el músculo financiero de imprimir su propio libro y distribuirlo. La barrera económica desaparece así que ya no hay excusas para lograr el sueño de muchos: publicar un libro.

En Estados Unidos entre 2011 y 2016 se publicaron 800.000 libros en la modalidad de autopublicación. Esto es un incremento de 218% frente a lo que se había publicado hasta esa fecha.

El Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc) informó que en 2015 se registraron 23.000 libros autoeditados por sus autores en Iberoamérica. Todavía son más los libros autopublicados en papel que en digital: 83% versus 17%.

El formato preferido para los libros sigue siendo el papel. Si alguien les dice por ahí que el papel murió y que ahora todo tiene que ser digital, no le den crédito. Estamos en un momento de equilibrio en el que el mundo está entendiendo que lo digital brinda enormes ventajas, pero que lo analógico también.

El éxito está en encontrar lo mejor de cada universo.
Si bien cualquier autor puede autoeditarse, el libro con respaldo de una editorial es sinónimo de calidad, de que el texto no existe solo por capricho del escritor, sino porque ha sido aprobado por un comité editorial y uno comercial. Y al autor, por supuesto, le da prestigio.

El afán por no compartir ingresos con una editorial puede ser una razón para decidir editar y publicar independiente. La lógica del autor puede ser que si es él el dueño de la obra, por qué la empresa editora se queda con la mayor parte de la ganancia. No hay que olvidar que un libro no es solo escribir bonito.

El trabajo de mercadeo es bien complejo e implica estrategias y costos que seguro el escritor no podrá asumir por su cuenta por desconocimiento y por falta de presupuesto.

El contacto con las librerías también es clave. No a cualquiera le van a distribuir su libro por más interesante que sea. Así que no hay que menospreciar esa labor que la editorial como intermediaria ejerce.
Hay que hacer cuenta si es mejor tener 15% de una cantidad de ejemplares mayor o el 100% de unas pocas unidades vendidas.

Y ojo que viene Amazon y una cantidad de plataformas hispanas que todavía no son tan populares en el país y que prometen impulsar más la publicación de libros independientes y en plataformas digitales o en formato impreso, pero solo por encargo, según demanda.

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