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Contrastes y hora de decisiones

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Julián Arévalo

Las noticias en Colombia no son solo una montaña rusa que pasa por escándalos políticos, brotes de violencia, decisiones judiciales e indignación nacional, sino que muchas veces también presentan contrastes profundos que hacen casi imposible evitar los matices al calificar una coyuntura. Paradójicamente, estos contrastes abren un espacio para tomar decisiones políticas que permitan reorientar las discusiones del país en casos en que, como ocurre ahora, pareciera no haber un rumbo claro.

Algunos hechos recientes ilustran esta situación. Por un lado, llama la atención la revisión al alza que hace el Banco Mundial en sus proyecciones de crecimiento económico para el país - haciendo un ajuste de 3,3 % a 3,5%, contrario a lo que ocurre en la región y en el resto del mundo, donde los ajustes son a la baja. A esta noticia se suma el resultado del crecimiento de la inversión extranjera directa en el primer trimestre, la más alta en los últimos ocho años, hecho que el presidente Iván Duque calificó como “un mensaje de confianza grande en el país”.

Por otro lado, sin embargo, a nivel político y de seguridad la situación es mucho menos halagadora. Esta misma semana, la ONU se pronunció duramente en contra del gobierno colombiano por los asesinatos de ex miembros de las Farc, instándolo a “dejar de incitar la violencia contra los desmovilizados de las Farc y a cumplir con las garantías que se les otorgaron durante las negociaciones de La Habana.” Estas declaraciones se suman al escenario precario que enfrentan los líderes sociales, y al acelerado deterioro de la seguridad en territorios como el Bajo Cauca, el Sur de Bolívar o el Catatumbo.

El contraste entre estos pronunciamientos no puede ser mayor. Que Colombia avance en la atracción de inversión extranjera no es un hecho fortuito, sino el reflejo de una mejora en las condiciones del país, una institucionalidad más robusta y una serie de esfuerzos que no pueden ponerse en riesgo por defender agendas políticas que en realidad encubren trampas al desarrollo.

De manera análoga, sería miope ignorar que las amenazas crecientes de las cuales da cuenta la ONU ponen en riesgo los beneficios económicos de tener un país con consensos amplios sobre temas básicos; un país que converge en los intereses de hacer las tareas que el Estado ha tenido pendiente a lo largo de su historia.

En los últimos diez meses hemos visto un gobierno que pasó de no tener agenda, a tener una caracterizada por la respuesta al terrorismo y la profundización de la crisis en Venezuela - con resultados nada alentadores - y posteriormente a unas desatinadas objeciones que atizaron la polarización ya existente.

La pregunta ahora es si, luego de esos vaivenes, finalmente podremos centrarnos en los esfuerzos que permitan a mediano plazo avanzar en una senda de mejores resultados económicos, que a su vez permitan atacar problemas que vienen repuntado como el desempleo, la pobreza y la desigualdad.

La alternativa es seguir produciendo titulares con muestras de rechazo a la incompetencia e irresponsabilidad, y perpetuar regiones enteras al atraso y la violencia, llevándose, de paso, la oportunidad de generar dividendos económicos para toda la nación. Es hora de tomar decisiones y el gobierno tiene la oportunidad de elegir un rumbo claro. Ojalá esta vez sí lo haga.

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