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Analistas 17/12/2021

Si gana la izquierda, ¿me voy?

Juan Manuel Nieves R.
Estudiante de Comunicación Política

No son pocas las personas, amigos y empresarios que están considerando irse del país en caso de que la izquierda asuma las riendas del poder. El nerviosismo se impregna también en la tasa cambiaria y hasta en la bolsa de valores; la realidad es que por primera vez se puede tener un gobierno en esa línea.

Emigrar a otro país es una realidad dolorosa; dejar atrás su patria, familia y amistades es una decisión complicada; en Colombia el temor es mayor por la experiencia del vecino: más de cuatro millones de venezolanos han entrado al país y en casi la totalidad de capitales se ven los inmigrantes trabajar, mendigar o recorrer las vías buscando oportunidades. Al ser vecinos de la catástrofe del socialismo, la realidad es más aterradora.

Un empresario que tiene una cadena de restaurantes, con razón, decía que para las empresas es más difícil salir del país: tienen grandes inversiones, empleados a cargo y sobre todo los sueños en seguir construyendo en el territorio que los vio nacer y crecer. Emigrar es empezar de cero y perder los años invertidos en el país. A lo anterior se le añade la dificultad de sacar el capital hacia otro lado, contar de nuevo con las materias primas, personal, etc. En conclusión, es botar por la borda años de empeño.

Otro amigo señalaba que lo responsable es tener un plan b para los hijos; él sabía que no se iba ir del país, pero como padre debía plantear una solución antes de que la catástrofe llegara. De ser así, él se quedaría poniendo el pecho y aguantando mientras esperaba sus hijos jóvenes labraran un futuro por fuera.

El dicho de muchos es que a quien primero se vaya, mejor le irá pues alcanzará a sacar con mejor valor los activos que poseen y arrancarán de nuevo sin que la nacionalidad esté tan desprestigiada; algo de razón tiene pues la experiencia del vecino así lo demuestra. Sin embargo, hay que tener en cuenta varios factores: primero: un país se demora en descomponerse; de un día para otro la economía colombiana, que ha demostrado alguna robustez, no se va a ir al piso. Segundo: aunque debilitadas, Colombia aún cuenta con instituciones que pueden ejercer algún control político y judicial. Tercero: los factores reales de poder como lo son: gremios, prensa, fuerzas militares, y la misma iglesia, juegan un papel importante en el contrapeso. Cuarto: Colombia ha sido de los países con mayor tradición constitucionalista; en casi cien años, salvo un pequeño periodo, hemos tenido una democracia funcionando; menoscabarla no va a ser fácil.

Claro que hay motivos para preocuparse, pero irse del país no debería ser la primera opción. Colombia todavía tiene muchas oportunidades, una cultura única y sobre todo una resiliencia que la hace especial. Particularmente, considero muy difícil el poder irse; el dolor de patria sería insoportable y uno en su patria es alguien, por fuera es más difícil. Por lo tanto, la mejor forma de evitarse estos dilemas es evitar que el populista llegue al poder, quemarlo todo no es la solución; aunque lento Colombia está mejor que hace 50 años y solo el trabajo diario puede seguir marcando el buen rumbo.