Analistas

Me voy de Netflix

GUARDAR

Juan Manuel Nieves R.

Acaban de pasar las fiestas de Año Nuevo y Navidad. En relativa paz estuvo el país, Colombia es famoso por parar hasta la guerra en estas buenas fiestas. Sin embargo hubo un hecho que fue noticia especialmente en Latinoamérica y fue una serie pagada y producida por Netflix, que de la forma más grotesca se burló de la figura de Jesús, sus apóstoles y su madre.

Millones de personas solicitaron cancelar la serie, producida en Brasil y hecha por Porta dos Fundos, una productora de videos comedia, que empezó en internet con vídeos satíricos y llegó a posicionarse como uno de los canales más vistos en internet. Netflix, pendiente de generar programas que se consuman, desde hace varios años los contrató para tener su contenido en la plataforma y fue así como este último diciembre para las fiestas sacaron el grotesco programa.

La sátira es un género literario utilizado desde la antigüedad, son famosas en la historia: el elogio a la estulticia de Erasmo de Rotterdam o los Viajes de Gulliver de Jhonatan Swift, donde, mediante un ropaje jocoso, se hacen fuertes críticas sociales y el humor a través de la imaginación termina mandando un mensaje poderoso. En el siglo XX, películas como la del dictador y las caricaturas en los periódicos, se convirtieron en medios para generar sátira política y en las democracias modernas el uso de la crítica es un elemento con el que se convive a diario.

Sin embargo el uso de la sátira tiene límites. Amparados en el libre derecho a la expresión no pueden difamar, mentir, discriminar, etc. Es por ello por lo que resulta una afrenta para los creyentes la imagen de un Jesús ridiculizado hasta el extremo. Una época de paz y familiar como la de Navidad, se convirtió en objeto de una grotesca burla, la cual ha tenido consecuencias, muchas de ellas insensatas como lo fue el intento de incendio a la productora y las agresiones verbales a sus integrantes.

Lo que sí es correcto es alzar la voz de protesta contra estos productos, disfrazados en un falso derecho a la libertad de expresión, Netflix y las productoras no pueden salir a difamar. Ellos saben que en el fondo no tendrán mayores retaliaciones; distinta sería la historia si se burlaran de Alá o del Corán, pero allí su valentía no tiene cabida, su derecho lo alzan cuando saben que pueden agraviar sin consecuencias.

Netflix nunca se pronunció, por ello millones de personas pidieron retirar la serie o cancelar la subscripción. No se tienen reportes de cuantas bajas hubo pero ante estos agravios, las personas solo cuentan con las redes y la acción colectiva.

Seguramente retirarse y protestar no les causará grandes pérdidas económicas pues sus acciones en la bolsa siguen estables y con tendencia a la alza moderada, pero como católico y sobre todo como usuario, me voy de Netflix; lo bueno del capitalismo es que se puede escoger y siempre hay ofertas más económicas y sin pretensiones políticas o religiosas, simplemente de entretenimiento.

Más columnas de este autor
LA REPÚBLICA +

Registrándose puede personalizar sus contenidos, administrar sus temas de interés, programar sus notificaciones y acceder a la portada en la versión digital.

GUARDAR
MÁS LR

Agregue a sus temas de interés

MÁS LR

Agregue a sus temas de interés