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Analistas 19/08/2022

La caridad, ¿funciona?

Juan Manuel Nieves R.
Estudiante de Comunicación Política

Visitando una comunidad religiosa, la cual se dedica a proteger madres solteras que no cuentan con ningún tipo de apoyo, conocí el caso de una muchacha, la cual está allí con 20 años, mamá de una niña de 1 año, su historia se parece a la de miles de mujeres que no tienen ningún refugio aparte del que ofrece una institución de la iglesia.

Camila, como la vamos a llamar para no vulnerar su identidad, quedó embarazada después de que sus progenitores fueran recluidos en prisión: el padre por abusar de su hijastra mayor y la mamá por ser cómplice y no denunciar. Sin oportunidades y con la inocencia de una mujer de campo se dejó ilusionar por un hombre que después de embarazarla sencillamente desapareció. Al acudir a una cita médica le recomendaron visitara una casa de monjas donde podían ayudarla y desde entonces vive allí, ya lleva dos años y su hija superó un problema cardíaco con el que nació. Ella no paga nada por su estadía, a la entrada de la comunidad hay un letrero grande que dice: “El ingreso de la madre al programa no la obliga de ninguna manera a entregar a su Hijo(a) para adopción, y la conservación de su hijo(a) no está sujeta a ningún pago de dinero por los servicios prestados. Y esta institución no recibe auxilios del gobierno, Bienestar Familiar ni otra organización pública.” Sabiendo esto ¿de que viven las monjas y todas las mujeres que dependen de ellas? Aunque algún congresista no lo crea y sólo piense en cobrarle a los demás y no en bajarse el sueldo, solo viven de la caridad. Sin estas monjas, sin las labores sociales de miles de iglesias estas mujeres como Camila no tendría alguna oportunidad.

Colombia no es capaz por si sola de atender todas las necesidades sociales, muy pocos. Estados en el mundo lo hacen, es por ello que no tiene sentido atacar cualquier labor que se haga en pro de los demás independientemente de la creencia, aquello es simple persecución religiosa, como de forma altanera y reiterada varios congresistas lo están haciendo en especial los que más hablan del perdón social y la paz. En sus camionetas y contando sus millones de sueldo se olvidan que la realidad social necesita de más estímulos para el trabajo y no de ataques desde redes sociales con frases retadoras.

Trabajar por una Colombia unida pasa necesariamente por el respeto a la libertad religiosa, la absurda persecución no es tolerable nunca. Se Empieza por comentarios en Twitter y se termina por sacar sacerdotes a la fuerza de sus templos. La intolerancia en materia de creencias debería ser tan radical como el ataque a cualquier raza.

Los dramas sociales son un asunto que debe ser resuelto por todos, otro de los muchos problemas con la persecución religiosa es que distrae la atención de lo verdaderamente importante: hay miles de desamparados a donde el Estado no ha llegado ni ninguna iglesia tampoco, estos, por lo tanto, dependen de la solidaridad y eso es lo que debe unir a Colombia, el pensar en los demás, el bien común.

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