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Analistas 14/11/2019

Gemelas, pero no iguales

Juan Manuel Nieves R.
Estudiante de Comunicación Política
JUAN MANUEL NIEVES

Hace unos meses, en Jerusalén, conocí a un par de gemelas, iguales como gotas de agua; fue difícil, al principio, encontrar algunas diferencias entre ellas y solo con el transcurrir de los días se lograba notar alguna particularidad, que conducía a la singularidad de cada una, con una conclusión lógica: a pesar de haber crecido juntas en un vientre no eran iguales.

La igualdad está de moda en estas épocas de protesta; en nombre de ella han existido revoluciones y los peores crímenes; aun así, es un anhelo y ella busca darle sentido a la lucha social de estos días. Lo que no consideran es que hace apenas un par de siglos, se vivía de manera casi igual: el mundo tenía una población campesina y las posibilidades de moverse o hacer algo distinto de lo que trabajaban los padres era una ilusión. Los privilegiados eran clases muy puntuales; de resto, todos estaban en las mismas malas condiciones; el capitalismo trajo consigo una verdadera revolución de ideas y de riqueza, lo que llevó a tener aviones, alimentos abundantes, medicinas y hasta internet. Los regímenes que en estos últimos dos siglos intentaron imponer su igualdad, la trajeron, pero imponiendo igualdad de hambruna, desplazamiento y miseria.

Y ¿qué decir al argumento en el cual el 1% o 2% concentra las mayores riquezas? Esto no es necesariamente malo; precisamente gracias a aquel 1% o 2% gozamos de muchas de las cosas que tenemos, desde la gaseosa que encontramos en la esquina hasta el celular, o el computador que usamos.

La libre competencia y el afán de riqueza también traen prosperidad para todos; en los años 60 un computador alcanzaba el millón de dólares; ahora, gracias a ese emprendimiento, el computador es una necesidad básica, accesible a las familias pobres y todo por varios personajes que hacen parte de ese 1%, entre ellos Bill Gates. Además, los millonarios de ese porcentaje a lo largo de su vida suben, bajan y quiebran; basta ver Kodak o Nokia y lo mejor de todo: sigue abierto para que el que quiera entre.

La desigualdad promueve las individualidades, la innovación y aquella competencia por ser distintos; lleva a gozar a muchos de cosas que antes eran un lujo. Hasta la educación ha llegado a un punto donde ya se miran distintos tipos de inteligencia, tenemos distintos gustos, talentos y capacidades, por ello existen colegios para potenciarlas, lo cual nos lleva a ser aún más singulares, es decir, desiguales.

Desafortunadamente el discurso de la igualdad sigue siendo muy poderoso; ha sido difícil dar a entender que lo verdaderamente negativo es la pobreza. Ella lastima la sociedad y la priva de condiciones dignas.

Meses después compartí con una de las gemelas; al despedirnos dijo que a pesar de parecerse a su hermana eran realmente muy distintas; no hacía falta decirlo; cada persona es única e irrepetible; intentar volver gemela una sociedad es acabar el espíritu de la misma.

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