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Entre Bolsonaro y lo correcto

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Hace pocos días fue noticia la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil; sus polémicas frases en contra de los gays, mujeres y afrodescendientes lo convirtieron en un foco de críticas; sin embargo, ganó con más de 50 millones de votos y su papel está por verse.

Siendo así, ¿cómo es posible la victoria de un hombre que incluso se muestra favorable a la tortura? La respuesta no es fácil, pero tiene mucho que ver con el cansancio de la gente al establecimiento, con una oportunidad una vez más desperdiciada de la izquierda y con lo políticamente correcto.

Desde los años 90, el Foro de Sao Paulo, construido por distintos grupos izquierdistas en el mundo, ha venido construyendo un proyecto conjunto para llegar al poder y además imponer una serie de ideologías en los países.

Hace apenas cuatro años en el Foro realizado en Bolivia, tenían siete países en Latinoamérica, hoy solo se perpetúan Venezuela, Nicaragua y Bolivia.
Bolsonaro, con un pasado militar y hablando claro, es mucho más que polémicas frases.

Sus fotos leyendo a Bastiat y Mises, los comentarios en contra de los impuestos, dejan ver que también tiene buena estructura económica y se espera que favorezca el libre mercado, principal afectado con regímenes de tinte socialista, los cuales buscan controlar los medios de producción, con las catástrofes ya conocidas; a pesar de los encontronazos con sectores contrarios, este fue un candidato que logró conectar con la gente, pues su mensaje de autoridad fue sencillo y claro, se ubicó en un espectro de la política y no le importó congraciarse con otro, porque ese es uno de los secretos en el arte de gobernar y hacer campaña: tomar decisiones; con ellas se ganará amigos y enemigos pero se avanzará, no existe peor error que intentar quedar bien con todo el mundo o intentar acercarse a otro espectro político donde pocas veces se es bien recibido y donde casi nunca se logra nada.

Muchos ya hablan que Colombia necesita un Bolsonaro y lanzan nombres a la palestra pública; lo que sí es cierto es que al parecer se extraña un liderazgo fuerte, una ruta y modelo de país, porque con apenas cuatro años de una presidencia, cualquier día a la deriva es mucho tiempo perdido.

Paulatinamente, lo “políticamente correcto” nos está llevando a absurdos; hace poco salió otro “Principito”, libro “incluyente”, donde se destroza el lenguaje de manera atroz; también salió Apu de los Simpson con sus connotaciones raciales; hasta el humor está muriendo por tratar de hacer lo correcto, sin saberse que no solo se cae en el ridículo, sino que también satura una sociedad y, en este vaivén, se termina yendo a un extremo donde se pierde incluso el respeto con tal de salir de tanto cuento “correcto”.

No creo que Colombia esté lista para un Bolsonaro, pero de seguir sin una ruta clara y tratando de conquistar sectores que nunca estarán de acuerdo, paulatinamente se le abrirá la puerta a un candidato autoritario o, lo que es peor, a cualquier populista de izquierda.

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