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Tribuna Universitaria 04/10/2018

El valor de lo intangible

Juan Manuel Nieves R.
Estudiante de Comunicación Política
La República Más

En una conversación entre paisanos del municipio de Vélez (Santander), señalaban la importancia de retomar los valores artísticos e históricos de la región. El alcalde Leonardo Pico que se encontraba presente, anotaba que la casa de la cultura estaba por inaugurarse y en su alcaldía había hecho un gran esfuerzo por retomar los temas autóctonos de la región, impulsar la guabina y recuperar la memoria del municipio; además, concluía que en el último año pavimentaría el 90% de las vías y haría varias obras pues la gente valoraba más el cemento que el esfuerzo por lo intangible.

Se ha vuelto tradición en Colombia darle valor a lo construido y según ese racero juzgar la buena o mala labor de un alcalde; ejemplo de ello es Bogotá, donde los alcaldes discuten sobre si determinada obra es de la actual o anterior administración. Sin embargo, existen en el país distintos valores que están siendo olvidados y podrían darle un importe más grande a una gestión así no sea palpable; uno de ellos es la enseñanza de la ética y los valores a una sociedad que parece haberlos olvidado.

De acuerdo con Michael Sándel, filósofo experto en justicia, solo es posible educar a una sociedad en la primera edad; según el autor, en los primeros años de vida los niños pueden desarrollar principios éticos que pueden ir cosechando a lo largo de su existencia y así con el tiempo lograr una sociedad menos corrupta y más solidaria; de lo contrario, se seguirá batallando con estímulos de miedo, los cuales el ser humano con el tiempo logra quebrantar.

La inversión en cultura e historia también es necesaria. Lo realmente difícil es lograr materializar los esfuerzos culturales y convertirlos en un éxito económico; de allí la importancia de la economía naranja, bandera del actual presidente desde que se encontraba en el BID; lograr aterrizar la creatividad de los artistas y potenciar el valor cultural que poseen las distintas regiones de Colombia, es una labor que puede plasmar lo tangible y volverlo un foco de desarrollo. Nada más hoy, sin estar consolidada, la industria creativa aporta el 6% del PIB nacional, pero aún se encuentra lejos de países como Estados Unidos donde su aporte es de casi US$2 billones, siendo casi la mitad del total de producción mundial.

Una sociedad con producción artística, memoria histórica y convivencia ética es posible; para ello se debe pensar en las futuras generaciones y la educación de la infancia. En los colegios se debe volver a dictar ética y reforzar los temas culturales, sobre todo, en la primaria, años en los que se consolidan las columnas morales que regirán el ser humano. Allí lo intangible debe volver a cobrar valor; como ciudadanos también se debe exigir y reconocer los esfuerzos en la materia; finalmente una sociedad con mayor cultura, refleja mejor convivencia pues bien decía S. Juan de Ávila: “es mejor gobierno el prevenir los delitos que castigarlos después de hechos, y vivir por buenas costumbres es mejor que por buenas leyes”.