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Tribuna Universitaria 19/02/2021

El rey no quiere dejar el caviar

Juan Manuel Nieves R.
Estudiante de Comunicación Política

Por fin llega la vacunación, un halo de esperanza y con ella una criticada reforma tributaria que sin duda aprovecharán los opositores para desprestigiar aún más al Gobierno.

La peor crisis económica desde 1930 viene acompañada de una pandemia y los problemas sociales no dan espera. Según el Dane, el PIB en diciembre fue de -2,47% y el país cierra con una contracción cercana a 7%; superar esta brecha recesiva requiere una fuerte inversión estatal que no se compara con los ingresos que tiene el Estado colombiano. Por ello, tristemente se va a requerir una nueva reforma para que el Gobierno de manera “artificial” inyecte a la economía, mientras las empresas comienzan a jalonar el arranque del país. El Banco de la República seguirá con los intereses bajos para estimular la inversión y se prevé una inversión fuerte en infraestructura y construcción al tiempo que se mantienen los programas sociales, especialmente en agricultura y salud.

Estas medidas dolorosas deben venir acompañadas de un esfuerzo en la reducción de la burocracia; sin ella el mensaje es muy peligroso: apriétense todos los cinturones mientras nosotros seguimos viviendo como queremos. Cuando el rey comía caviar y los obreros pasaban hambre, fue cuando las revoluciones se generaron. Actualmente el Gobierno ha creado dos ministerios, mantiene los asesores de los asesores, consulados, agencias, etc. No sabe transmitir un mensaje de austeridad, pero sí se lo pide al pueblo colombiano.

Colombia se enfrenta a una crisis sin precedentes; empresas quebradas, la tasa de desempleo de dos dígitos y el crecimiento inverso de la economía, se suman a un año de elecciones, donde el oportunismo reinará; esto es un coctel que puede llevar al electorado al sentimiento más peligroso: al del cansancio. Un electorado cansado prefiere dar una patada a la institución y que pase cualquier cosa a seguir en lo mismo. Este Gobierno tuvo la oportunidad histórica de comenzar reformas necesarias y por las cuales fue elegido, tales como la Justicia, la JEP, el proceso de paz; pero se dedicó a temas parecidos de la presidencia pasada y hoy todo parece igual. Por ello el electorado se ve cansado, la imagen negativa aumenta y las personas parecen querer un cambio completo, a costa del mismo cimiento de las instituciones.

El país necesita que cada uno aporte lo que más pueda; reduce la esperanza el poco entendimiento del Gobierno frente a la situación, pero se viene la reforma tributaria, se vienen nuevos impuestos y la buena noticia es que llegan las vacunas. Ojalá la efectividad de ellas sea más grande que el show mediático que intentarán aprovechar todos los políticos; ojalá los egos cedan a las necesidades y nuevos candidatos, sin ideas populistas, sean capaces de unir esfuerzos frente a la realidad que se avecina y, finalmente, ojalá se comience a gobernar de cara a la sociedad y de espalda a la burocracia de siempre.