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Tribuna Universitaria 12/03/2021

Bogotá capital miedosa

Juan Manuel Nieves R.
Estudiante de Comunicación Política

Dolor e impotencia causa ver la muerte de un patrullero esta semana a manos de dos delincuentes que posiblemente iban a cometer un fleteo. El mismo día hubo otra balacera al sur de la ciudad. Bogotá, lejos de ser la ciudad acogedora, se está convirtiendo en una capital miedosa.

La inseguridad en Bogotá está dejando de ser una mera percepción. La Cámara de Comercio, en su reciente informe anual de victimización, señaló que 76% de los bogotanos se siente inseguro; es su nivel más alto en cinco años; 17% dijo ser víctima de algún delito; aquí se presenta un crecimiento de dos puntos porcentuales respecto al año anterior. Los resultados preliminares no son alentadores: en la evaluación anual los bogotanos ven afectada su calidad de vida y el peor escenario que sienten es la calle, donde 45% considera el espacio más inseguro.

A esta Alcaldía le cuesta reconocer sus errores; ante cualquier crítica sale a culpar a terceros, un día es el gobierno, al otro los venezolanos y a diario la fuerza pública. La alcaldesa en su campaña prometió volverse la jefe de Policía; lo cierto es que en las recientes actuaciones sale a condenar el actuar de la institución y se extraña su ausencia el primer día en el homenaje al policía asesinado y más aún, su discurso al otro día culpando de nuevo a los demás; esta desconexión entre administración y Policía le está costando mucho sobre todo a los ciudadanos.

Bogotá se puede convertir en una versión futurista del viejo Oeste: defender la vida es un derecho de cualquier ciudadano y sus habitantes irán encontrando formas de hacerlo; los videos linchando delincuentes, tomando justicia por mano propia y haciendo recorridos entre vecinos se torna cada vez más frecuente. Y claro que la Policía también debe mejorar, solo tres de cada 10 personas que acudieron a ella califican bien su servicio; pero no podemos culparla de todo; ellos a diario exponen su vida y no hay suficiente fuerza policial para estar en cada calle de la capital.

Una situación tan adversa siempre puede tener remedios: primero, la percepción y la victimización deben atacarse por separado; frente a la primera es necesario un mensaje de armonía con la fuerza pública, se debe mejorar la atención en la línea 123 y saber comunicar, no criticar. La segunda variable es más compleja, pero ayudaría mucho: ver a la policía motivada, saber de un plan para enfrentar el problema y, por qué no, volver a permitir el uso de armas de fuego: la prohibición ha sido un premio para los delincuentes.

No se ve cercana una solución, la inseguridad se toma la ciudad y las medidas no dan espera; el primer paso es reconocer los errores, enmendar y mejorar las relaciones entre instituciones, pero el orgullo y la altivez en este momento son el peor problema; como dijo C.S. Lewis, un hombre orgulloso está menospreciando las situaciones y, por supuesto, mientras mires hacia abajo, no puedes ver algo que está por encima de ti.