martes, 3 de marzo de 2020

En los últimos años, hemos visto un interés creciente de los ciudadanos en todo el mundo por hacer mejores elecciones a la hora de decidir lo que comen. Hace unos cinco años comenzó a crecer significativamente la conversación en redes sociales sobre el vegetarianismo, y poco después surgirían algunas expresiones que se han hecho comunes como ‘pescatarian’ (evitar toda la carne excepto pescados y mariscos) o, más tarde, el nombre que terminamos por darle a todos aquellos que optaban por evitar la carne aunque hicieran frecuentes excepciones: ‘flexitarians’. Uno de cada cuatro millennials en el mundo pertenecen a alguna de estas denominaciones. Algunos lo hacen por salud, otros por conciencia ambiental y otros por moda, pero lo cierto es que cuestionar el consumo de carne ha dominado por años la conversación sobre los alimentos.

Todo parece indicar, sin embargo, que hay un nuevo concepto que está compitiendo en popularidad en cuanto a dietas se refiere. Se trata de la costumbre milenaria de ayunar que, desde un famoso libro publicado en el Reino Unido en 2012 (The Fast Diet), ha ido ganando fuerza hasta hacerse una tendencia dominante. Según Google, de todas las búsquedas relacionadas con alimentación en 2019, el tema de restringir el consumo de alimentos durante algunas horas al día o días en la semana, fue la más popular.

¿Qué hace que en un momento en el que tenemos acceso a todo tipo de alimentos, sabores y preparaciones estemos optando por dejar de comer? ¿Es un tema de salud o de apariencia?

Seguramente es una mezcla de ambas. Pero hay un elemento curioso: El ayuno es quizás el primer tipo de dieta cuyo liderazgo podría ser masculino. Según un estudio de CivicScience en Estados Unidos, 30% de los hombres de 25 a 34 años afirman que han probado ayunar y les gusta. En el caso de las mujeres, en ese mismo grupo de edad, la respuesta es de solo 19%.

La forma más común de ayuno para muchos significa eliminar la comida de la noche. Algunos afirman que les permite dormir mejor y, además, tener una mayor claridad mental al día siguiente. Un estudio publicado hace tres años en el Reino Unido, sugería que ciertos tipos de ayuno podían favorecer la memoria y las habilidades de aprendizaje.

El tema de fondo que resulta más interesante es que como sociedad estamos dejando de ver la alimentación como algo que impacta lo físico y ahora lo vemos también como un factor clave de la salud mental. Crece la conversación sobre las enfermedades mentales, el alzhéimer o el desempeño mismo del cerebro y su conexión con la forma como nos alimentamos. Llevamos años hablando del concepto de bienestar siempre asociado a la salud corporal. El movimiento por ayunar parece llegar con una nueva dimensión: lograr que nuestro cuerpo y nuestra mente funcionen mejor. Muchas marcas, no solo en la categoría de alimentos, podrían comenzar a explorar las oportunidades que nacen de un consumidor que altera sus horarios de comida de manera voluntaria para sentirse mejor.