El Cañón del río Duda, en el que hay siete veredas de nuestro departamento, en jurisdicción del municipio de Uribe, fue el corredor estratégico de la guerrilla de las Farc, la sede del alto mando subversivo, el patio de la casa de Tirofijo y el mayor centro de operaciones por el que solo transitaban guerrilleros, unos pocos campesinos intimidados y cientos de secuestrados.
Tenía la necesidad de recorrer el mítico cañón, porque este que fue el centro de la guerra, lo tenemos que convertir en el corazón de la paz.

Para llegar allí, iniciamos la travesía en la localidad de Usme, subimos casi a 4.000 metros sobre el nivel del mar para llegar al páramo de Sumapaz que es la ruta de acceso. El de Sumapaz es el páramo más importante del mundo y uno de los ecosistemas más grandes de Colombia, con una riqueza hídrica invaluable. 64% de la totalidad de este páramo, está en territorio del Meta, ascendiendo desde el piedemonte hasta el Cerro Nevado a 4.306 msnm, la mayor altura de nuestro departamento.

Llegar fue una jornada de tres días a lomo de mula y en muchas ocasiones caminando por los territorios que durante tantos años ante el abandono del Estado se apoderó de ellos la insurgencia. No podemos permitir que se vuelva a repetir la historia y que estos vitales territorios queden nuevamente en manos de quienes pretenden sembrar odios y generar conflictos.

Después de hablar con la gente de la región de tantas cosas que adolecen y de sus sufrimientos, es inevitable no reflexionar y preguntarse ¿de qué sirvieron tantos años de guerra? 54 años de conflicto que nos dejaron 240.000 muertos, ocho millones de víctimas, abandono del campo, masacres, tomas y voladuras de municipios, secuestros, extorsiones y un sinnúmero más de barbaridades.

¿A quién reivindicaron?, ¿A quién beneficiaron? ¿qué se logró con una guerra insensata que solo sirvió a carteles del narcotráfico? En algunos municipios de nuestro departamento se perdieron generaciones completas por culpa del reclutamiento forzado, por desapariciones y por asesinatos. Muchos murieron sin conocer lo que era vivir un solo día en paz. El abandono del campo fue la excusa perversa para que los grupos delincuenciales se apoderaran de todo.

Hoy al sur del Meta, tenemos un territorio en disputa por dos grupos que quieren apoderarse de la zona para cultivar coca: ¡No lo vamos a permitir! Es fundamental que nuestro Ejército y nuestra Policía continúen en las zonas donde se quiere obligar a los campesinos a plantar droga; y es también muy importante que la presencia del Estado llegue con eficacia a trabajar de la mano de la gente. Pero es inaceptable que nos vengan con el cuento de que mientras llegan las soluciones, van a seguir inundando de coca a nuestro departamento: ¡volver al pasado no es una opción!

En el Duda, y en muchas partes del país, hay miles de campesinos que con esfuerzo y muchos sacrificios trabajan para salir adelante, que no quieren vivir en la esclavitud del narcotráfico y menos bajo el dominio de bandidos que no solo los someten y los obligan a estar en sus macabros negocios, sino que también los presionan y amenazan para pedir la salida de los soldados de la patria, y así poder continuar a sus anchas.

La presencia del Ejército o de la Policía no es un capricho, es un mandato constitucional que debe seguir cumpliéndose, con todas las garantías que establece nuestra democracia de respeto a los derechos humanos como lo consagra la Constitución Nacional. Pero que quede claro, luchar contra la deforestación de nuestros parques naturales para ser cultivados con droga, es un tema de seguridad nacional, porque allí se está gestando una amenaza para el país.

Igual de importante es hacer presencia en el cañón del río Duda y en el sur de nuestro departamento con nuestras Fuerzas Armadas, como que la acción del Estado llegue con proyectos de desarrollo social a cada rincón en donde nuestros campesinos luchan a diario para vivir en paz.