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Analistas 06/08/2022

Debate acerca de la economía del cuidado

Soy amigo del autor, pero, como decía Platón: “soy más amigo de la verdad” y mi amigo, José Félix Cataño, se equivoca en el artículo publicado en La República, el sábado 16 de julio. Intervengo porque se trata de un tema que amerita una meditación sobre un asunto crucial en economía: el de los servicios. El autor se avanza, lanza en ristre, contra la estimación del Dane de la fuerza laboral, vinculada con el cuidado en el hogar, que representa 19% del total. Aduce que no tiene fundamento ¨científico¨.

El artículo reposa sobre 3 conceptos: 1) el valor, 2) el trabajo productivo y 3) la falta de monetización: labor sin remuneración. Procedamos a la crítica.

• El valor para el autor, “no es una propiedad de las actividades” sino de relaciones mercantiles. ¨En economía un valor económico sólo existe cuando las relaciones mercantiles lo crean¨. Afirmación contraria a lo que dicen los grandes autores de las dos escuelas principales del saber económico; para la Escuela Clásica y en especial Marx, el valor procede de la producción: ¨Es el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción¨. Y del otro lado, en la Escuela Neoclásica, la del valor subjetivo, el valor procede de la satisfacción del individuo consumidor. Primer error.

• La labor doméstica corresponde a un ¨trabajo improductivo¨ y ¨estéril¨. Aseveración obsoleta y arcaica, perteneciente a Marx, quién la retoma de Adam Smith, formulada 90 años antes. Marx no fue un pensador de ¨los servicios¨; él, como Ricardo, se ocupó solo de las mercancías materiales. Veremos más adelante que esas labores de cuidado son más necesarias de lo que se piensa. Segundo error.

• Las labores del hogar al no estar monetizadas, aparentemente, no hacen parte de la economía. Acá, en parte. tiene algo de razón; porque el dinero, como afirmaba Schumpeter, es inherente al análisis económico. En efecto, para nosotros el dinero es una especie de a priori del saber económico, es un ¨comienzo¨, es ¨el evento apropiador¨ (para utilizar el término caro a Heidegger); sin la unidad de cuenta, el medio de cambio y el poder de disposición sobre las mercancías y servicios, es imposible pensar lo económico en la edad moderna.

Pero ¿las labores domésticas no están monetizadas? Meditemos un poco este asunto para ello debemos hacer una especie de giro copernicano y desplazar del lugar central al individuo consumidor, para ser ocupado por ¨la unidad familiar¨. Con ello captamos que entre la adquisición de bienes de consumo y su satisfacción, hay un desajuste temporal trascendental.

Reflexionemos un poco sobre la unidad familiar o doméstica; ella es una entidad real y desde el punto de vista conceptual debe ser construida en su complejidad, como cumplidora de funciones esenciales del vivir humano, en un entorno socio cultural e histórico. Fuera de ser el núcleo de la reproducción de los humanos, de la enseñanza del lenguaje (fundamental), y de la introyección de valores y normas, juega un papel económico esencial: receptora de ingresos monetarios y de materia prima para el consumo del hogar.

En donde la labor de preparación y de cocción de los alimentos se hace imprescindible, absolutamente necesaria. Podríamos decir que solo con esa actividad productiva se llega a la consumación del consumo; es fundamental para obtener la ingesta de proteínas, calorías etc.; sin ella no hay supervivencia posible. Es cierto que aparentemente no hay una retribución monetaria (sin embargo, en un subconjunto de la clase media ese trabajo doméstico es pago) pero podemos concebir un aporte económico en el hogar, una imputación parcial mediante el suministro de las materias primas que tienen un precio; las labores se encuentran parcial e indirectamente retribuidas económicamente. En conclusión, se le puede dar visa al cálculo del Dane sobre el cuidado doméstico, ni estéril, ni, mucho menos, improductivo, como pretendía el autor del artículo en cuestión.

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