La noche de elecciones en Estados Unidos siempre ha tenido un drama particular, en buena parte como resultado del sistema de colegios electorales y un mapa de votantes lleno de contradicciones. No obstante, nunca antes las elecciones norteamericanas habían alcanzado el nivel de melodrama que el que hemos observado este año.

Al momento de escribir esta columna no hay un claro ganador, aunque hay tímidas señales que apuntan a que Biden será el nuevo presidente con un estrecho margen. Con el resultado positivo en Arizona y una reñida victoria en Michigan, Wisconsin y Nevada, Biden podría tener los 270 votos electorales para asegurar la presidencia.

A las dimensiones que hacen que el proceso electoral en Estados Unidos sea complejo, como el sistema y los distritos electorales, estas elecciones tuvieron el elemento adicional del voto por correo físico en varios Estados donde dicha práctica no es usual. El conteo de muchos de esos votos sigue pendiente, prolongando la incertidumbre.

A un año lleno de dudas y malas sorpresas, como lo ha sido 2020, se le suma un resultado electoral en Estados Unidos que generará suspicacias, demandas, impugnaciones y protestas en algunos enclaves republicanos. Y si bien Biden ganará el voto popular, Estados Unidos parece más polarizado que nunca. El partido demócrata no fue capaz de capitalizar el manejo errático de la pandemia por parte de la administración de Trump y la perspectiva de un dominio electoral claro, con una victoria contundente de Biden y una mayoría demócrata en el Senado, resultó ser un espejismo.

Si las cuentas provisionales resultan ciertas, Biden tendrá que gobernar con un Senado de mayoría republicana, lo cual le haría difícil implementar varias de sus iniciativas en materia tributaria, climática y regulatoria. Quizás para un país tan divido como lo es hoy Estados Unidos, este posible resultado de un presidente demócrata con una mayoría republicana puede ser el más deseable en la medida que obligue al establecimiento político a buscar consensos, puntos de encuentro.

Bajo este escenario, la reversión de la reforma tributaria de Trump en 2017 no ocurrirá, lo cual podría explicar la reacción positiva del mercado accionario frente a un panorama electoral aun incierto. Recordemos que Biden había anunciado un aumento del impuesto de renta corporativa del actua 21% a 28% y un aumento en la tarifa tributaria para las ganancias de capital, que incluye los ingresos asociados a valorizaciones de las acciones.

En los próximos días, los mercados locales y externos seguirán exhibiendo una alta volatilidad en la medida que el resultado final de la elección siga siendo incierto. Esto será cierto en la medida que el proceso legal para ratificar el ganador se prolongue.

No es de extrañarse que tengamos varias jornadas con una volatilidad importante, donde los activos de riesgos sufran cambios en sus valoraciones. No obstante, en la medida que el proceso continúe, el mercado accionario en Estados Unidos buscará nuevos máximos y es muy probable que tengamos una apreciación de las monedas de los países emergentes, incluyendo la nuestra.

Para Colombia, una eventual presidencia de Biden no sería particularmente novedosa, en la medida que las relaciones entre Colombia y Estados Unidos continuarían en buenos términos y circunscrita a los mismos temas.