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Analistas 12/12/2013

Tres principios petristas

Jorge Iván González
Profesor de U. Nacional y Externado
La República Más
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El primer principio petrista, el respeto por el agua, llama la atención sobre la importancia de la conservación ambiental, y la relación con el territorio. La forma como está creciendo la ciudad es insostenible. Para corregir la situación actual es necesario que haya acuerdos entre los municipios cercanos a la ciudad, y que desde la Nación se definan políticas que regulen los asentamientos humanos en el territorio. La conservación del agua obliga a intensificar la coordinación entre los departamentos de Boyacá, Meta y Tolima. Para este propósito, desde Bogotá se viene liderando la creación de la Región Administrativa y de Planeación Especial (Rape).

La administración de Bogotá ha advertido sobre los daños irreparables que está causando el actual proceso de poblamiento de la Sabana. La defensa de las 1.315 hectáreas de la Reserva Thomas van der Hammen, en el norte de la ciudad, se ha convertido en uno de los símbolos de esta opción por el agua y la sostenibilidad ambiental. La suspensión de la avenida longitudinal de occidente (ALO) en el tramo del norte, y la prohibición de la conurbación hacia Chía, han generado malestar en urbanizadores que ven amenazados su proyectos. El Distrito está acelerando la compra de predios en el área antes de que los intereses económicos de los urbanizadores impidan que la Reserva sea una realidad.

El segundo principio petrista es la mezcla socioeconómica en el espacio urbano, o la lucha contra la segregación. En la ciudad se ha intensificado la separación entre los ricos y los pobres. Y las diferencias son notorias en la vivienda y el acceso a los equipamientos. La primera forma de combatir la segregación es a través de políticas que mejoren la distribución del ingreso. Uno de los componentes de la modernización tributaria que presentó la Secretaría de Hacienda al Concejo es el cobro de predial en función del avalúo y con criterios de progresividad. Los avalúos más bajos pagaban un predial del 5 por 1.000, y los más altos de 16 por 1.000. La propuesta fue sacada de la agenda del Concejo y nunca se discutió seriamente. La segunda forma de combatir la segregación es garantizando un urbanismo y un acceso a los equipamientos más igualitario. Como lo han predicado las últimas administración de Bogotá, el derecho a la ciudad es la condición para que Bogotá pueda ser una ciudad de derechos.

Y el tercer principio petrista es la participación en las rentas urbanas. Una ciudad como Bogotá permanentemente está generando rentas. Las economías de aglomeración son de muy diverso tipo, así que las potencialidades de obtener recursos fiscales son numerosas. Para que Bogotá y las grandes ciudades del país sean viables tienen que aumentar los ingresos gracias a una mayor participación en las rentas provenientes de la dinámica urbana. Las rentas que generan los procesos urbanos no son solamente de los privados. Pertenecen a toda la sociedad.

Los tres principios petristas tocan las raíces de la estructura de la sociedad bogotana. Y en medio de estas tensiones políticas y económicas, los anti-petristas se agazapan dichosos bajo la figura de Ordóñez, el todo poderoso.

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