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Nivel óptimo de reservas

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En septiembre de 2014 las reservas internacionales de Colombia eran US$47.000 millones. Es conveniente hacerse la pregunta por el nivel óptimo de reservas. Si éste fuera de US$40.000 millones, habría US$7.000 millones disponibles para desarrollar grandes proyectos ambientales y de infraestructura. Se debe hacer una discusión cuidadosa sobre el balance costo/beneficio del manejo actual de las reservas, con el fin de pensar en las mejores alternativas para el país.

Es interesante constatar que el debate ni siquiera se plantea. La ortodoxia del Banco de la República ha transmitido el mensaje equivocado de que el manejo de las reservas no es un asunto de discusión pública. El tema tampoco es objeto de reflexión en el Congreso. Desde la ortodoxia, la pregunta sobre el manejo de las reservas resulta tan inapropiada como citar a una reunión de cardenales en el Vaticano para invitarlos a reflexionar sobre la existencia de Dios. Así como en el Vaticano nadie se atreve a poner en tela de juicio la presencia de Dios, en los ámbitos cercanos al Banco de la República no cabe ninguna duda sobre el manejo de las reservas. Es un tema tabú.

De acuerdo con el último informe del Banco de la República al Congreso 83,1% de las reservas están colocadas en bonos del gobierno de los Estados Unidos. En 2006 la rentabilidad de estos papeles era de 4,81% año. En el 2013 fue de 0,38% año. La caída dramática del rendimiento de las reservas internacionales se ha reflejado en un deterioro de las utilidades del Banco cercano a los $2 billones. En la lógica de los banqueros centrales esta menor rentabilidad se compensa con la seguridad que ofrecen los bonos del gobierno de los Estados Unidos. El argumento es válido y, por tanto, no se trata de que las reservas se inviertan en papeles más rentables y de alto riesgo. Sin duda, las reservas tienen que estar protegidas contra el riesgo, pero ¿cuál es el volumen de reservas que debe mantener un país como Colombia?

El Banco de la República utiliza tres indicadores. El primero es la relación entre el monto de las reservas y el PIB, el segundo es la relación entre las reservas y M3, y el tercero es la reservas expresadas como meses de importaciones de bienes. El Banco compara la situación de Colombia en cada uno de estos indicadores con la de Brasil, Chile, México y Perú. A partir de estas comparaciones no se sigue que Colombia deba mantener US$47.000 millones de reservas. Si fueran US$40.000 millones las relaciones mencionadas también estarían en un rango razonable. Por ejemplo, Colombia tiene reservas cercanas a 10 meses de importaciones, y no habría problema en que el indicador bajara a ocho meses como sucedía entre 2006 y 2008. Por aquellos días nadie dijo que esta relación era baja.

Las necesidades de infraestructura que tiene el país son inaplazables. Los daños ambientales que no se atiendan ahora, se deberán solucionar en el futuro. Y mientras tanto, los costos habrán crecido exponencialmente. 

Los US$7.000 millones de reservas se pueden ir utilizando de manera progresiva, suavemente, a medida que se estructuras las licitaciones, y se mejora la capacidad de ejecución de la administración pública. No se trata, entonces, de hacer populismo con las reservas. Además, el uso de parte de las reservas no implica desconocer la necesidad de una reforma tributaria progresiva que, efectivamente, toque a ese 1% más rico.

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