Analistas

Las muertes tempranas en Estados Unidos

Deaton, el último premio Nobel de economía, acaba de publicar, junto con Case, un artículo sobre el aumento que se ha presentado, en los Estados Unidos, de la mortalidad de las personas blancas no hispanas que están en el rango de edad de 45-54 años*. Entre 1998 y 2013 su tasa de mortalidad aumentó 0,5% por año. Mientras tanto, en los otros países ricos, la tasa disminuía al 2% año. En los Estados Unidos la tasa de mortalidad continuó cayendo en los demás grupos etáreos, y también disminuyó entre los negros no hispanos que están en el rango de 45-54 años.

El comportamiento disímil de la tasa de mortalidad de los blancos no hispanos de los Estados Unidos llama la atención, y es una señal de alerta que debería ser motivo de preocupación. Las muertes tempranas se presentan por droga, alcohol, suicidio, cirrosis. Case y Deaton observan que este grupo de la población, que tiene un ingreso medio, experimenta insatisfacción con la calidad de vida que está llevando. Entre las razones del descontento, el artículo menciona en primer lugar, el aumento de la desigualdad en los Estados Unidos, que ha impedido que el ingreso de este grupo de la población crezca de acuerdo con sus expectativas. De alguna forma sienten que no han alcanzado el estándar de vida que añoraban. La segunda razón es la incertidumbre que ha generado el sistema de pensiones. En Estados Unidos se ha extendido el ahorro individual, y han ido perdiendo relevancia las prestaciones definidas. En Europa todavía existe un predominio claro de los sistemas de prima media con prestaciones definidas. Cuando la pensión depende de los rendimientos del ahorro individual en los mercados financieros, los individuos terminan asumiendo los riesgos inherentes a la volatilidad bursátil. Y como ésta sigue aumentando, las personas se sienten desprotegidas, y sin un apoyo institucional que les garantice una vejez tranquila y satisfactoria.

El diagnóstico y las conclusiones de Case y Deaton invitan a hacer varias reflexiones. Primero, los logros sociales se pueden perder. Por ello es importante garantizar una institucionalidad que los proteja. Hay ejemplos de involución. Después de la caída del muro de Berlín, y de las privatizaciones aceleradas que se hicieron en la Unión Soviética, la esperanza de vida cayó y el nivel de desarrollo humano se redujo. En América Latina el número de pobres dejó de disminuir y desde hace dos años volvió a aumentar. Y como lo señaló Oxfam estos días en Davos, la concentración de la riqueza continúa agudizándose.

En los Estados Unidos ha aumentado la vulnerabilidad de los pobres y de los grupos de ingresos medios. Esta fue una de las preocupaciones del discurso de Obama sobre el estado de la Unión. Las dos causas del aumento de la mortalidad señaladas por Case y Deaton también están presentes en Colombia, ya que la desigualdad continúa aumentando, y el sistema de prima media es reemplazado por el ahorro individual. La solidaridad se pierde y el valor de la pensión futura queda sometida al vaivén de los mercados de capitales. Los fondos de pensiones son grandes jugadores en estas montañas rusas. Ni siquiera la acción de Ecopetrol es un activo seguro. Y cuando el futuro es azaroso, el alcohol y las drogas ayudan a calmar el vértigo.

* CASE Anne., DEATON Angus., 2015. “Rising Morbidity and Mortality in Midlife Among White Non-Hispanic Americans in the 21st Century”, Pnas, vol. 112, no. 49, dec., pp. 15078-15083