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Heterodoxia y paz

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La consecución de la paz obliga a renunciar a ortodoxias económicas que no favorecen la solución de los problemas sociales, de naturaleza estructural, que existen en el país.

La política económica no ha sido incluyente y el crecimiento no ha sido pro-pobre. En el lenguaje de Kakwani, el crecimiento favorece a los pobres únicamente si está acompañado de una mejor distribución de la riqueza.

El manejo de la política económica tiene que ser más heterodoxo para que sea compatible con la transformación social que requiere el posconflicto. Los elemen-tos constitutivos de esa heterodoxia son:

1. Aceptar el keynesianismo. La política económica continúa siendo muy reacia a aceptar las fórmulas keynesianas. En la práctica no se reconocen los efectos multiplicadores del gasto público. Colombia le debería aprender a los Estados Unidos, que ha logrado mantener la dinámica de la economía gracias a intervenciones típicamente keynesianas. El premio Nobel de economía William Vickrey decía, en la primera mitad de los años noventa, que en las sociedades contemporáneas Keynes lo debería permear todo, así que nuestra visión de la economía tendría que ser transkeynesiana, ya que Keynes lo permea todo.

Para que la vía keynesiana sea posible, la heterodoxia tiene que comenzar por preguntarse por el nivel óptimo de reservas. Tal vez el volumen de reservas no tiene que ser de 44.000 millones de dólares. Y si la cifra es inferior, existe un margen amplio para hacer obra pública. Además, existen otros recursos, como las regalías, que se pueden administrar con criterios keynesianos para mejorar la infraestructura, impulsar el empleo, e incentivar la inversión.

2. Replantear la regla fiscal. La regla fiscal es la expresión más acabada de la ingeniería social. Es la forma más completa del saint-simonismo contemporáneo. Es la manifestación suprema del positivismo y del constructivismo racional. Este instrumento acaba con la discrecionalidad de la política monetaria y fiscal. Frente a los graves problemas sociales del país, la guía de acción no puede ser la regla fiscal. Además de los problemas metodológicos inherentes a su construcción, la regla fiscal se ha interpretado como un mecanismo para reducir el gasto, y no para aumentar los impuestos.

3. Impuestos progresivos. Varios colegas economistas coinciden en la necesidad de aumentar los impuestos, pero proponen subir el IVA. La búsqueda de la paz es la mejor oportunidad para avanzar seriamente en la construcción de una sociedad más igualitaria, y para ello es indispensable una reforma tributaria que disminuya la concentración de la riqueza. Por tanto, se debe actuar sobre el impuesto a la renta y, sobre todo, sobre los impuestos al suelo, comenzando por la actualización de los avalúos y continuando con una tarifas del impuesto predial que no sean planas, como hoy, sino que vayan aumentando a medida que sube el valor catastral del inmueble.

4. Reconocer que los costos de la educación son marginalmente crecientes. El Gobierno acepta que la educación es prioritaria, y que los resultados de las prueba Pisa tienen que llevar a replantear la política educativa. Estamos lejos de conseguir los objetivos deseados. Formar un niño en primaria en el Distrito cuesta 1.5 millones de pesos al año. Formar un niño en un colegio privado de calidad cuesta $1.5 millones  al mes. La brecha es enorme. Para que la calidad de la educación mejore es indispensable, por lo menos, triplicar los recursos. Esta reflexión se podría extender a otros programas sociales.

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