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El formalismo de Colciencias

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El cierre de las convocatorias que hizo Colciencias para clasificar los grupos de investigación ha sido la oportunidad para que varios de ellos, especialmente en las áreas de ciencias humanas, se hayan pronunciado en contra de Colciencias e, incluso, hayan optado por no presentarse a la convocatoria.

Las protestas tienen plena justificación. La mayoría de los grupos aceptan de manera pasiva el yugo de Colciencias porque están sometidos a un chantaje evidente. Quien no cumpla con las formalidades no puede aplicar a la financiación. Y para los centros y las universidades que no tienen suficiente prestigio, el camino tortuoso que propone Colciencias es inevitable.

Colciencias se está equivocando. Ha optado por un formalismo excesivo. Exige certificados, valida editoriales, impone reglas, fija fronteras arbitrarias, determina ventanas de observación, impone plazos. En esta lógica se premia a los investigadores que tienen la paciencia de seguir juiciosamente las reglas. El formalismo de Colciencias es inconveniente por varias razones.

Primero. Desconoce las formas como las comunidades académicas jerarquizan a los investigadores y a los grupos. Este es un proceso dinámico y suficientemente complejo, que es imposible captarlo a través de un entramado de disposiciones y categorías formales. El ordenamiento que hace Colciencias de los mejores investigadores y grupos no necesariamente tiene relación con la percepción de las comunidades académicas. En lugar de incentivar el lleno de formatos, Colciencias le debería dar mucha más importancia al juicio de los pares, que tienen sensibilidad sobre la calidad de los investigadores y de los grupos.

Segundo. Colciencias olvida que el proceso cognitivo es uno, y sus fronteras son difusas. Nunca será clara la distinción entre una “consultoría científica y tecnológica” y una “actividad de generación de nuevo conocimiento”. La única forma de establecer una línea divisoria entre lo uno y lo otro es mediante un formalismo arbitrario. A propósito de la entrega de los Oscar, los aportes al conocimiento que hizo Alan Turing, y que están muy bien descritos en The Imitation Game, apenas serían en la lógica de Colciencias una “consultoría”.

Tercero. Impone criterios, que siempre son discutibles, para calificar la calidad de los artículos, los libros, los investigadores y los grupos.

Cuarto. Supone que es posible establecer reglas homogéneas para todas las disciplinas. Colciencias considera que todos los investigadores del país, en todas las áreas, se pueden homologar de acuerdo con un parámetro estándar.

Quinto. Los software (CvLac y GrupLac) cada vez son menos amigables, y más confusos.

Sexto. Colciencias ha logrado que su visión formalista de la investigación lo permee todo. Uno de los mayores fracasos de Colciencias como órgano rector de la ciencia y de la tecnología, es la piñata en que quedó convertido el Fondo de Ciencia y Tecnología. Las regalías se distribuyen de acuerdo con las prioridades políticas de los gobernadores en los Órganos Colegiados de Administración y Decisión (Ocad). La pertinencia del proyecto queda subsumida en el cumplimiento de requisitos formales. Entre el 2012-2014 se han aprobado 262 proyectos, con un valor promedio de $7.000 millones. Hay proyectos de $300 millones. Esta dispersión de recursos no permite consolidar la ciencia y la tecnología. Colciencias ha estimulado esta maraña burocrática. En todos los casos, supongo, se han llenado bien los formatos.
 

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