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El Baloto cayó en La Ceja

A raíz de las denuncias que ha hecho la ciudadanía por la forma como el Acuerdo 008 del 2011 del Concejo de La Ceja (Antioquia) exonera el pago de la participación en plusvalías, se ha abierto un espacio para reflexionar sobre el cobro de rentas derivadas del cambio de uso del suelo. En este caso, áreas que antes estaban clasificadas como rurales, ahora se pueden urbanizar. De acuerdo con las estimaciones de Diego Vanegas, director de la Lonja del Oriente Antioqueño, La Ceja podría recaudar $77.000 millones por participaciones en plusvalía. Lo más interesante de la discusión es que en medio del alegato los vecinos afirman, con razón, que la plusvalía originada en el cambio de uso del suelo equivale a ganarse el Baloto y, como sucede con cualquier lotería, es obvio que la sociedad reclame una parte de este excedente, que no ha sido el fruto de la actividad empresarial.

Al identificar la plusvalía con el Baloto, se pone en evidencia que este mayor valor es una renta diferencial y no un costo. Desde esta perspectiva, la participación en plusvalía es la exigencia que hace el gobierno local al propietario para que comparta con el resto de la comunidad una renta que no nació del ingenio empresarial, sino de los procesos urbanos. Para el propietario del lote que se beneficia del mayor valor, este excedente equivale a una lotería.

La asimilación de la plusvalía al Baloto ayuda a clarificar los términos del debate. En la cuantificación de los proyectos urbanísticos se suele considerar, de manera equivocada, que el pago que se le hace a la ciudad por la participación en plusvalía es un costo, cuando en realidad es un descuento que la sociedad le hace al beneficiario de una renta diferencial. La persona que se gana la lotería sabe que tiene que hacer partícipe al Estado de una parte de este ingreso extraordinario. Desde el punto de vista contable, a nadie se le ocurría calificar el impuesto a las ganancias ocasionales como un costo.

Las razones por las cuales la sociedad debe participar de las rentas extraordinarias se han discutido desde hace muchos años. En la historia del urbanismo es célebre la polémica planteada en 1868 por Henry George, un liberal radical. Por aquellos días, en San Francisco, en solamente un año, el valor del acre pasó de US$1 a US$15. La diferencia de US$14 es una renta diferencial enorme que, como advertía George, no se debía a la habilidad empresarial de ninguno de los habitantes de San Francisco, sino que se explicaba por los anuncios de la llegada del ferrocarril. En opinión de George 100% de esta renta diferencial debería ser para el gobierno. El argumento era sencillo y contundente: puesto que ninguno de los habitantes de San Francisco ha hecho nada para que suba el valor del suelo, toda la renta diferencial debe ir a la administración pública.

En la actualidad no es necesario llevar la participación en plusvalía tan lejos como proponía George, pero sí es importante que los municipios del país estimulen los cobros derivados de la participación en plusvalía. Algunos municipios que han aprobado las participaciones en plusvalía no las están cobrando, o si lo hacen, recaudan muy poco. El mensaje de los vecinos de La Ceja es el mismo de George. El Baloto que cae en las manos de los propietarios del suelo no le pertenece solamente a ellos. Tienen que compartir la lotería. Es bueno recordarles que sus predios valen más gracias a la dinámica urbana, y no a su capacidad empresarial.