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Luego de las denuncias recientes y ampliamente conocidas de las periodistas Johanna Fuentes y Claudia Morales, se ha desencadenado una serie de confesiones, denuncias nuevas, revelaciones y especialmente una gran solidaridad por parte de las colegas de los medios de comunicación.

La columnista Paola Ochoa en su espacio impreso, María Jimena Duzán en su debate televisado, Vicky Dávila en su Facebook Live y otras líderes de opinión como Mabel Lara, Ana Cristina Restrepo, Claudia Palacios y Yolanda Ruiz, entre otras, se sumaron a la indignación generada por las denuncias.

Miles de mujeres del país, que no son únicamente de los medios, también se han mostrado solidarias y muchas se han sumado a la tendencia mundial de #MeeToo que comenzó la actriz Alyssa Milano en Hollywood en octubre del año pasado.

El movimiento ha servido para que la sociedad tome una mayor conciencia del macabro fenómeno de acoso sexual que está impregnando en prácticamente toda la cultura occidental. Las mujeres en el mundo han copiado la idea de Milano para poner en evidencia a abusadores, acosadores y violadores de manera masiva.

El peor caso resulta ser el de Larry Nassar, entrenador de gimnasia de EE.UU. que fue condenado por la juez Rosemarie Aquilina a una sentencia en prisión de hasta 175 años por haber abusado de más de 200 deportistas, muchas de ellas víctimas siendo aún menores de edad.

De todo lo que he leído, visto y oído sobre el tema en las últimas semanas me llamó la atención la muy poca o casi nula participación de los periodistas del género masculino. Me imagino que hay unos que tendrán rabo de paja y prefieren callar, otros no se quieren involucrar y prefieren el silencio, otros tímidamente han mostrado pequeños gestos de solidaridad.

En términos globales el género masculino ha pasado de agache con el tema denunciado por Fuentes y Morales. Esta es una causa que no puede ser solamente de las mujeres. Llevamos décadas luchando contra el machismo, pero los avances son muy marginales.

Evitar hablar del tema, o dejárselo sólo a ellas es un rasgo inconsciente del machismo que toda la sociedad tiene incorporado. De las diferentes empresas, no sólo en medios de comunicación, en las que he tenido la oportunidad de trabajar, he observado a uno que otro “acosador”.

La mayoría de las veces las mujeres que trabajan con el especimen no le paran bolas. Hay abrazadores, manoseadores, besuqueadores, viejos verdes y ahora con la nueva tecnología acosadores digitales, especialistas del mensaje directo.

En las empresas, las áreas de recursos humanos a veces reciben denuncias, pero la mayoría de veces no. Algunas deciden callar, olvidar, dejar las cosas así y otras conviven con el problema por años.

El silencio de las mujeres se rompió, ahora debemos los hombres acompañar la tendencia. Los que hemos visto matones o acosadores en nuestros trabajos deberíamos dejar atrás el cómplice silencio y al menos con sanción social denunciar entre nosotros también.

En mi caso vengo de una familia numerosa en mujeres. A veces viendo acosadores pienso en mis abuelas, tías, primas, mi mamá, mi hermana, mi esposa y hasta mi pequeña hija. Alguna de ellas pudo haber sido la víctima.

Ese es el mensaje que debemos propagar entre los hombres también, luchar contra los vestigios de machismo que aún sobreviven y denunciar a la par que lo están haciendo las mujeres. Menos que eso seríamos nada más que una partida de cobardes. Me sumo a la causa de ellas. Yo también.

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