Estamos entendiendo todo mal. Desubicados. Como cuando la humanidad pensaba que estaba bien tener esclavos o que la tierra era plana. Hay temas en los que nos ha hecho falta pensar. Hemos avanzado al crear tecnologías fascinantes, pero hay un síntoma que muestra que desde hace siglos venimos con un desequilibrio mental como sociedad. Todo lo que está pasando en el mundo alrededor de las mujeres nos debe invitar a reiniciar el disco duro, formatear nuestras terribles ideas preconcebidas y empezar a mirar de ceros. Con mente en blanco ante las evidencias de lo mal que venimos programados se requiere un revolcón cultural de gran proporción.

Pensemos en la época de la Antigua Grecia, aproximadamente entre el 1.200 A.C. y el 146 A.C. Creían en una serie de divinidades, una estructura religiosa politeísta, no monoteísta como actualmente existe en muchas de nuestras culturas. Ese detalle inicial explica la distorsión que vivimos. En Grecia, el gran dios Zeus tenía una compañera llamada Hera, diosa del matrimonio y el parto. Hera y Zeus simbolizan la unión hombre-mujer. Creo que, durante siglos, judaísmo, cristianismo, catolicismo y otras corrientes religiosas, arrasaron de nuestras mentes la idea de la posibilidad de una diosa femenina, algo que me parece mucho más lógico que la extraña idea de un solo creador masculino. El problema es que esa extraña idea viene impregnada por siglos en el discurso religioso que pocos se atreven a cuestionar. Desde ahí empieza nuestro machismo como sociedad en occidente y oriente. Para tener en cuenta, fueron religiosos masculinos quienes quemaron mujeres vivas que se creían “brujas” hace algunos siglos. Nos fuimos dejando llevar por esas creencias, que sumadas, nos tienen hoy todavía con mujeres que se sienten menos que los hombres dentro de una sociedad enferma desde el inconsciente.

Ese matoneo continuo de la religión hacia la figura femenina es algo que las siguientes generaciones deben reversar. Hay gente que no siente que sea grave que a las mujeres les paguen menos que a los hombres en los mismos cargos en el mercado laboral. Algunos creen todavía que la única función de la mujer en la sociedad está limitada a la limpieza, a la cocina y a criar hijos. Para ciertos individuos es paisaje que haya acoso sexual o matoneo en el ambiente de estudio o trabajo. Tal vez nuestros bisabuelos y abuelos lo vivieron mucho más que en las generaciones actuales, pero es increíble lo arraigado que aún está el machismo en nuestro hipotálamo. Se observa con angustia que las mismas mujeres a veces son quienes más atacan a otras que piensan o actúan diferente.

¿Queremos una sociedad justa, igualitaria y de avanzada? Hay que dejar entonces de seguir el modelo de la belleza como único valor importante. La publicidad, el cine, las redes sociales y los medios de comunicación estamos vendiendo un perfil exitoso de mujer que sólo está correlacionado con belleza, gimnasio, fitness, comer bien, ser joven y bonita. Más bien por qué no pagarles mejor a las mujeres, premiar a las que estudien más, diseñar concursos no de vestidos de baño sino de habilidades, potenciar a las mejores emprendedoras, las que tengan liderazgo comunitario o empresarial, las que desarrollen avances científicos y tecnológicos. ¿Queremos realmente igualdad? Entonces los hombres a dejar de mirar a las mujeres como objetos, y que a los de cierta edad en adelante, se les castigue con sanción social cuando sean unos viejos verdes.