Analistas

Niños con hambre

Recientemente los colegas del diario El País de Cali denunciaron que 99.876 estudiantes de colegios de esa ciudad no tienen garantizado el complemento alimentario básico para su buen desempeño académico. Si bien el aprendizaje escolar es un proceso complejo en el que inciden múltiples factores, la alimentación es un elemento clave que ha demostrado ser efectivo no solo para promover la incorporación y permanencia de los estudiantes en el colegio, sino para promover el cambio social en las comunidades y en los hogares. Sin embargo, estas condiciones solo se logran cuando los establecimientos educativos son vistos como centros integrales, y cuando el Programa de Alimentación Escolar (PAE) es objeto de un cuidadoso diseño y administración. De esa manera se obtiene el máximo impacto sobre la educación.
 
Mientras muchos de ustedes a esta hora ya han desayunado o al menos se han  tomado un café, en Colombia hay niños que van al colegio diariamente sin haber probado bocado alguno. Es increíble cómo logran sonreír e incluso jugar, correr o pensar. La alimentación escolar mejora el desempeño escolar, estabilizando el proceso de aprendizaje.
 
Justamente para garantizar esos procesos, existe el PAE del Icbf que busca tener total cubrimiento en diferentes regiones del país. La idea es entregar esa ración alimentaria a los niños. Tarea bien difícil, si tenemos en cuenta que la ampliación de la cobertura depende de la capacidad de cada entidad territorial. En general, se financia así:
 
51% de recursos son aportados por el Icbf y el 49% restante de los entes territoriales. Ahí comienzan los problemas.
 
Para el caso concreto de Cali, Jhon Arley Murillo, director regional del Icbf en el Valle del Cauca, asegura que “la situación se ha complicado mucho, pues desde el año 2009 la Gobernación del Valle decidió disminuir los recursos que se venían asignando para este fin, y se quedaron más de 150.000 niños del departamento sin alimentación. Antes teníamos cobertura total, pero esa decisión, implicó que desde 2010 en adelante hubiese una reducción significativa en el número de niños atendidos en el programa”.
 
Actualmente, el PAE en Cali entrega esa ración de comida a 140.533 niños con una inversión de $16.552 millones, mientras que la Alcaldía de la ciudad financia la alimentación escolar de 166.315 alumnos con una inversión de $1.500 millones.
 
Los mismos docentes piden a la Alcaldía y la Gobernación que se aumenten los recursos. Cada día crece el problema, pues nacen más niños en el país, pero la norma es clara: primero se deben cubrir las necesidades alimenticias en los colegios públicos y en el área de primaria y luego, si hay recursos, cubrir la secundaria. De hecho, hay que tener en cuenta que el programa garantiza la ejecución en las instituciones educativas públicas del área rural y urbana, en 33 direcciones regionales para brindar complemento alimentario a 3.881.271 niños, niñas y adolescentes inscritos en la matricula oficial, en 161 zonas del territorio nacional.
 
Las cifras en sí mismas dicen todo. Según la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional en Colombia 2010 – ENSIN, los índices de desnutrición que existen actualmente en la población escolar son los siguientes: 9% niños entre 5 y 9 años y 10,7% entre 10 y 17 años, presenta retraso en talla o desnutrición crónica; 8% niños entre 5 y 12 años y 10,6% entre 13 y 17 años, presenta anemia; y 2,6% niños entre 5 y 9 años y 1,3% entre 10 y 17 años, presenta delgadez.
 
Al servicio de alimentación le quedan pocos días, pues a diferencia de los años anteriores, el Icbf entregará la alimentación hasta el 6 de septiembre. A partir el 9 de septiembre la dotación estará a cargo del Ministerio de Educación.
 
Ojalá me equivoque, pero no estoy seguro de que sea tan rápida y fácil esa ejecución desde el Ministerio. Sería el colmo que por un trámite burocrático esta situación no se pueda resolver eficazmente. Mientras tanto,  ¿la ministra de Educación, María Fernanda Campo? Bien, gracias.
 
Ñapa: Se viene la hora de la verdad para el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, con la posible revocatoria de su mandato. En el proceso de “campaña” va a ser fundamental el manejo de mensajes de la gente por las redes sociales. ¿Sabrá defenderse de lo que viene en su habitual herraemienta de Twitter?