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Mientras no haya justicia, jamás tendremos paz

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Mientras no haya justicia, jamás tendremos paz. Esta frase es de la popular canción “Buscando América” del cantante panameño Rubén Blades, grabada en 1984 en su primer álbum con el grupo Seis del Solar (Ver álbum). La letra global de la canción hablaba de la época en la que América Latina vivió las terribles dictaduras militares en varios de sus países. Hoy, después de tantos años en nuestro continente,  tenemos en algunos casos democracias, en otros cuasidemocracias, y lo de Argentina, Bolivia, Nicaragua y Venezuela es más parecido a un circo. Los sistemas políticos fueron cambiando pero de aquellas nefastas épocas queda la carencia de fuertes sistemas de justicia en todos nuestros países.

Los indicios que brotaron esta semana contra el presunto magistrado Jorge Pretelt,  llevan a pensar que la denuncia de uno de sus colegas de sala es apenas el síntoma de un gran cáncer que es el de la mafia de leguleyos que desangran y viven del negocio de la justicia. En algunos despachos de jueces se venden fallos de tutela. Hay decisiones en demandas y otro tipo de pleitos civiles y penales en donde la decisión de un juez puede ser modificada con una tarifa que no es barata. Los mercachifles de este negocio se dividen en  tramitadores, patinadores, lobbystas, abogados, jueces y al parecer ahora llegó al nivel de magistrados. Recuerden el famoso caso de un integrante del Consejo de Estado que fue investigado y condenado en Fiscalía por comercializar los expedientes. Se dice supuestamente que hay un mercado paralelo de borradores de los fallos antes de ser publicados oficialmente. No serían baratos de obtener.

La tutela y sus instancias. La tutela contra tutela. La tutela contra sentencia. Que haya varios tribunales y Cortes donde se pueda interponer, permite abrir las posibilidades de mayor corrupción. Se necesita mayor control y reglamentación. El caso de Gustavo Petro el año pasado, demostró que un mismo texto, copiado por varios ciudadanos puede llegar a colapsar el aparato judicial. Esto todo diseñado por maquiavélicos juristas que venden sus servicios para usar el aparato de justicia con fórmulas dilatorias que buscan la indecisión, el caos y el retraso y lo presentan a sus clientes como “estrategia” jurídica.

Los nombramientos de los integrantes de la rama son un verdadero chiste. Congresistas con hojas de vida en mano haciendo campaña por sus abogados favoritos. Se cruzan favores entre Fiscales, Procuradores delegados, Contralores delegados, Magistrados auxiliares y abogaduchos en las UTL de ciertos parlamentarios. Por ejemplo, al ver una lista de interesados y el proceso para ocupar una vacante de magistrado en el Consejo de Estado, la forma de llegar es lo más parecido a una elección de un Concejal o un Congresista.

Abogados que usan ciudadanos varados como testigos falsos. Hay una fábrica de testigos donde negocian en el mercado negro una tarifa dependiendo del nivel de confesión o de señalamiento requerido. Se volvió recurrente y predecible. Los clientes que contratan ciertos penalistas populares en radio, que automáticamente se auto incriminan por el perfil de su abogado. 

En otros países de América Latina se reproducen sistemas muy parecidos. El cáncer es común a la región. El profesor Juan Enrique Vargas Viancos, Abogado y Magister en Gestión y Políticas públicas de la Universidad de Chile, escribió un extenso estudio sobre la corrupción en los sistemas judiciales del continente (Ver estudio). Los Poderes Judiciales son corruptos porque hay jueces corruptos. Algunos carecen de la educación legal necesaria, mezclado con bajos sueldos y un desastroso sistema de designación se vuelve un cóctel Molotov que reventará.  

Se requiere urgente sanear el sistema judicial de cualquier práctica mercantilista. No es sostenible un país en donde un ciudadano sienta que los fallos, demandas y decisiones de las cortes son comercializables. Como dijo Blades, si se quiere paz, necesitamos una buena justicia y de eso estamos bien lejos.

Ñapa: Ojalá las capturas de Mariano Alvear y otros directivos de la Fundación Universitaria San Martín, sean las primeras de muchas decisiones a futuro para eliminar tanto mercader de la educación, ya que en nuestro país estamos inundados de institutos y organizaciones que abusan de la confianza y juegan con la fe de los estudiantes.

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