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La III Guerra Mundial

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El mundo ha cambiado desde los ataques en París de la semana pasada. Rusia, EE.UU., Reino Unido, Francia y Alemania, han tenido que replantear rápidamente temas de inmigración y seguridad. El planeta observó cómo en pocas horas volvimos a la tristemente famosa guerra contra el terrorismo de la época de George Bush hijo. La acción del Estado Islámico (EI), al parecer está hasta ahora comenzando, mientras las potencias occidentales revisan todo su plan de acción militar y estratégico. Hace pocas semanas se hablaba sobre Siria, por los miles de desplazados que llegaron a Europa. Algunos medios de la región hablaron de la prevención y el cuidado que tenían que tener los gobiernos. Era evidente que se iban a colar en las largas filas de inmigrantes una minoría de criminales y terroristas imposibles de detectar. La policía gala probó (como lo dijo François Hollande), que los terroristas planearon los ataques con complicidad de ciudadanos franceses en su territorio.

Siria adquiere una dimensión que nadie puede obviar. El régimen de Bashar Al Assad es apoyado por Rusia, y los opositores son apoyados por EE.UU. Una gran duda, que deberán resolver las dos potencias, es si en Siria debe o no permanecer Al Assad. Este palo en la rueda es algo que no se va a solucionar de la noche a la mañana. La historia no ayuda a EE.UU., ya que  las invasiones a Irak, sembraron un odio hacia occidente demencial e innecesario desde todo punto de vista. El intento de instaurar una  democracia en Irak, luego de dar de baja a Saddam Hussein fue un fracaso. El resultado es un resentimiento acumulado y sed de venganza que  alimentaron las bases de estructuras inconformes y violentas. Occidente pasó de tener en 2001 al grupo Al Qaeda como enemigo, a hoy una organización supranacional, estructurada, mejor financiada, y con reclutamiento de jóvenes occidentales dispuestos a cualquier cosa. El demonio ahora es el grupo terrorista EI que tiene su origen en Irak, pero cuenta con bases sólidas en Siria, Egipto y otros países de Asia y África .  

Otro ingrediente del problema, que en poco se puede convertir en la III Guerra Mundial, es la abrupta intervención de Anonymous. El grupo de hackers podría ser parte de la solución al bloquear o intervenir las comunicaciones en redes sociales, chats y demás sistemas que usan en el EI. Sin embargo, introducir el mundo digital al combate, puede llevarnos a un escenario en donde el contrataque sea a los sistemas bancarios, redes de información, cables submarinos, antenas y torres de celulares. Al final el mundo podría quedar infectado con varios virus informáticos y redes desconectadas. No sabemos si el EI tenga la misma capacidad de bloqueo o saboteo informático que Anonymous. Mejor no saberlo. 

Sin duda un frente de ataque al EI es su financiación. Los fondos que recibe por la venta de petróleo de los territorios que controla, debe ser el centro del análisis de las grandes potencias, para frenar ese flujo de caja. En el mediano plazo, debilitar su estructura financiera termina siendo la solución menos violenta y más razonable. Pero al paso que vamos, Rusia y EE.UU. van a inclinarse por una solución radical de muy corto plazo con el visto bueno del Consejo de Seguridad de la ONU. Ojalá no pase, pero posiblemente se usen armas químicas o nucleares, lo que aniquilaría a Siria y sembraría mayores odios a futuro en la región. 

El problema no para ahí. ¿Cómo contrarrestar a aquellos individuos que ya están en Europa y que a esta hora están planeando los siguientes ataques terroristas en esas capitales? Necesariamente Barack Obama va a imponer la idea de defenderse del terrorismo revisando correos, celulares y todo tipo de información. Seguramente cruzarán bases de datos del FBI, Interpol, Scotland Yard y otros servicios secretos de varias naciones. Algo que en otras circunstancias no hubiera aceptado la sociedad francesa, pero al verse amenazada de esa manera, terminará cediendo con resignación. C’est la vie.
 

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