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Estados Divididos de América

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Hace más de 15 años la banda mexicana Molotov publicó la canción “Frijolero” en su tercer álbum “Danse and Dense Denso” producido por Gustavo Santaolalla y Aníbal Kerpel. El inicio de la canción refleja un cortocircuito permanente en el diálogo entre inmigrantes latinos y nativos estadounidenses. “Yo ya estoy hasta la madre de que me pongan sombrero, escucha entonces cuando digo: ¡No me llames frijolero! Y aunque exista algún respeto, y no metamos las narices nunca inflamos la moneda haciendo guerra a otros países.” La obra musical se quedó corta contra la realidad actual. Las fricciones se han mantenido con los años y ahora con la administración de Donald Trump el ambiente tenso cobra más fuerza. El tema de la inmigración legal e ilegal está tornando los debates en ese país en escenarios de odio y fundamentalismo.

Las elecciones de medio término y la rueda de prensa posterior que ofreció Trump evidencian que en las cocinas y detrás de cámaras de la Casa Blanca en Washington los días son pesados. La furia con la que Trump matoneó al periodista Jim Acosta de la cadena CNN muestra que el mandatario sigue buscando imponer con su estilo televisivo las ideas que no logra vender en la mitad de la población. Acosta cuestionó el uso de la palabra “invasión” en las recientes declaraciones del mandatario al referirse a la migración andante que sube por Centroamérica y quiere llegar a la frontera con México. Tan fuerte estuvo el tema, que la oficina de prensa del presidente publicó un video, claramente editado en velocidad, intentando mostrar que Acosta estaba manoteando a quien le intentó quitar el micrófono.

Para el expresentador Trump, la situación de las preguntas incómodas de la prensa se está carcomiendo su papel de presidente. Respira a diario por la herida, especialmente cuando el partido republicano acaba de sufrir una derrota de siete estados y el mando de la Cámara de Representantes en donde perdieron mayorías. Un país dividido políticamente con un gobierno dividido también. Algunos que han estado adentro y que salen de trabajar en Casa Blanca cuentan detalles horrendos en la prensa, libros, testimonios y en blogs personales. Ambiente hostil. No se podía esperar nada diferente a quien ya mostró como se acostumbró a mandar echando gente en directo por televisión.

Acosta, de ascendencia cubana, es el símbolo hoy de todas las víctimas mediáticas. No es fácil hacer reportería o periodismo de esa manera. Con el discurso de que hay ciertos medios que se dedican a tergiversar las noticias el presidente cree que tiene un argumento para equilibrar la mala prensa creciente, especialmente desde los escándalos de Stormy Daniels y los hackers rusos. En algún momento el argumento se va a desvanecer, y como siempre, la realidad termina pesando sobre las opiniones.

Un mandatario, independiente de su pensamiento o línea editorial debe ser el responsable de preservar la libertad de prensa de todas las corrientes, incluyendo las de contradictores. De hecho, a los contradictores es a quienes más hay que cuidar. La suma de enemigos editoriales que acaba de acumular es una bomba de tiempo que algún día podría explotarle en la cara. No vaya a ser que un día de estos los demócratas en la Cámara de Representantes adelanten un juicio, o “impeachment”, y le pase a Trump lo mismo que a Dilma Rouseff en Brasil. Los mismos colegas pueden terminar hundiéndolo, especialmente si incluyen a la prensa dentro de la ecuación.

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