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Usuarios de todos los operadores, uníos y exigid

Colombia se prepara para una de las subastas más importantes de su historia reciente: la que traerá al país los servicios móviles de alta velocidad, conocidos como de cuarta generación, o 4G.  El Gobierno tiene en sus manos la transformación, no solo del sector de telecomunicaciones, sino del país: ¿introducirá más competencia, que implica más y mejores servicios a menores precios, o consolidará el monopolio de una empresa?

Las implicaciones de cualquiera de las alternativas son enormes: está probado que la pluralidad de competidores genera reducciones en los costos, mayor penetración de los servicios y mejor calidad de éstos.  Por el contrario, en una situación de monopolio, casi por definición suben los precios.  ¿Quién es el afectado?  El usuario.

Un estudio de Fedesarrollo, publicado este mes, revela que a pesar de que la telefonía móvil en Colombia llega a lugares apartados, en sitios donde existe mayor número de competidores la cobertura del servicio es mayor.  En nuestro país esta avanza al ritmo que los operadores determinan, y es lenta porque implica mayor inversión. Fedesarrollo concluye que los colombianos de menores ingresos tienen que dedicar más del 5% de su presupuesto a cubrir el costo de la telefonía móvil, razón por la cual carecen de este servicio.

En relación con los precios, en Colombia estos bajan más lentamente que en otros países donde hay más operadores o un regulador más fuerte; y lo que es más grave: la alta concentración del mercado en un operador genera una pérdida de bienestar equivalente al 0,77% del PIB.  ¡Este porcentaje parece insignificante, pero equivale a $5 billones!

Por esto se hace imperiosa la promoción de la competencia, no solamente la recomposición del mercado entre los actuales operadores.  Se requiere la presencia de nuevos actores que sacudan el mercado; que fuercen a los establecidos a ser más eficientes, a reducir sus elevados precios, a prestar servicios de calidad, a que menos usuarios se quejen por la atención recibida.

El quid está en cómo promover la competencia. El país tiene amplia experiencia en el tema, y el actual Ministro de las TIC, en particular, la tiene aún más: introdujo la apertura en los servicios de larga distancia, dice haber redactado la ley que propició el ingreso del tercer operador de telefonía celular, y no le tembló la mano para excluir a los establecidos de la subasta. Los resultados fueron contundentes: en 2003 había 6 millones de usuarios y en 2005, 22 millones; y las tarifas se redujeron 40%.  ¿Quién ganó? El usuario. El ejemplo de años anteriores se puede replicar muy fácilmente en el año 2012.  ¡No hay que inventar la rueda!

Son necesarios mecanismos que incentiven el ingreso de nuevos actores. El Ministro también lo tiene claro. Tanto, que en el primer borrador de resolución consagró la reserva de una licencia para ser subastada entre nuevos operadores.  La justificación es sencilla y consiste en que los operadores establecidos están en capacidad de hacer ofertas más agresivas porque se encuentran en ventaja frente a los entrantes, por el hecho de contar con usuarios, redes y marcas posicionadas.

El nuevo operador tendrá que llegar con ofertas agresivas, como planes de telefonía ilimitados, grandes velocidades para bajar datos y videos, entre otros.  Los usuarios se deleitarán con la calidad de los servicios, la atención que recibirán de su operador, en fin, beneficios de los que, como resulta evidente por las noticias sobre las constantes quejas, no gozan actualmente.

Colombia no puede seguir con el “inri” de ser un país con altos niveles de concentración en el mercado de las telecomunicaciones, y tiene en bandeja la oportunidad de revertir la tendencia que lleva.  Esto solo se logra con nuevos operadores en el mercado.  De nada serviría prohibir la participación del dominante en la subasta, si no se incentiva la llegada de nueva competencia, no solamente uno, sino varios nuevos operadores, tantos como estén dispuestos a invertir en Colombia.  El país no debe perder esta gran oportunidad.