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Contenido: rey para largo rato

Siendo ya más de 20 años desde que Bill Gates escribió un artículo con carácter profético titulado “El contenido es el rey”, las palabras del fundador de Microsoft parecieran tener más vigencia y sus predicciones sobre el futuro de la televisión y el de las industrias de telecomunicaciones, media y tecnología parecen confirmarse.

Las palabras de Gates se han convertido en realidad en el mundo de la televisión como lo evidencia la carrera desenfrenada que están protagonizando los operadores de telecomunicaciones, los proveedores clásicos de contenido como HBO, Discovery y Disney y los “nuevos” jugadores como Netflix, Hulu y Amazon para capturar el tiempo y el dinero de los televidentes. Queda más que claro que el no tener contenido propio, original y sobretodo de calidad para ofrecer está condenado a quedarse fuera del juego. Los presupuestos de producción están llegando a límites desconocidos incluso en ambientes irracionales como lo es Hollywood. En la carrera por ofrecer el mejor contenido, compañías como HBO, Amazon y Netflix se han vuelto los mejores empleadores y pagadores de la industria, haciendo que la demanda y el precio de guionistas, directores y estrellas de Hollywood llegue a niveles nunca antes visto. En esta competencia feroz, el gran beneficiado somos los consumidores, que gracias a esto podemos disfrutar de contenido cuya producción según algunos estudios ha sobrepasado la barrera histórica de US$10 millones la hora.

Reed Hastings, CEO de Netflix, quien luego de revolucionar el mercado de renta de películas en video, se convirtió en el pionero del “streaming”, aseguró en su momento que la televisión no volverá a ser como la de nuestros padres, dejando de ser un sistema de canales lineales para convertirse en un portafolio de aplicaciones que el espectador abre y cierra a conveniencia en cualquier pantalla, ya sea una televisión tradicional, una tableta o un teléfono móvil. En este mundo nuevo de acceso distribuido al contenido, la calidad del mismo y la facilidad de acceso muy posiblemente van a ser variables más importantes, incluso que el precio, en el momento que el consumidor decida que ver.

Esta evolución de la forma en que consumimos el contenido audiovisual es el combustible de las multimillonarias transacciones que se están viendo en el mercado actualmente. AT&T está dispuesta a pagar más de US$85.000 millones por Time Warner, luego de haberse engullido a DirecTV no hace más de dos años.

Apple, quien lleva años tratando de trasladar su liderazgo en el mundo de la música digital al mundo del video, no se queda atrás y ha empezado la producción y el lanzamiento de sus propios videos a través de su servicio Apple Music. Hace unos meses, la compañía también adquirió los derechos de la serie “Carpool Karaoke”, popularizada por el cómico James Corden.

No sería descabellado pensar que Apple, gracias a la reforma fiscal que actualmente se tramita en el Congreso norteamericano, logra repatriar de manera eficiente los miles de millones de dólares que tiene en sus arcas, se pudiera convertir en otro titán en la batalla del contenido de video, con la ayuda de la adquisición de compañías como Disney o el mismo Netflix.

Los críticos de la industria aducen que no todo es color de rosa y que la sobreabundancia de contenido que impacta en las audiencias en una forma fragmentada y donde los espectadores son volubles, poco fieles y con menos capacidad de atención, hará muy difícil la situación para los creadores de contenidos que busca rentabilizarlos mediante indicadores de audiencia.