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Después de 12 años de algunas buenas intenciones y muchísimas decisiones desafortunadas se llega, cada vez con más urgencia, a la necesidad de acelerar perentoriamente la transición eléctrica.
Los últimos tres gobiernos han tenido destellos loables y, también, infructuosos planteamientos y ejecutorias, solo para enunciar algunos: Santos con la no muy exitosa Ley 1715, de 2014, y la preparación del Ministro Arce de la primera subasta de renovables; Duque con su fracasado plan de 1.5 GW de renovables y la desatinada misión eléctrica (poco queda de ella), y; Petro con su estrategia 6 GW de renovables (que parece no cumplirá), el increíble impuesto a las renovables, la alta carga discursiva y la pobrísima ejecutoria.
Ahondando en este último gobierno: Cómo, quien propone 100% renovables en electricidad, no considera un solo escenario serio de cómo hacerlo? Cómo, en un país con déficit eléctrico y altos costos de electricidad, ¿tarda tanto en llamar a subastas de contratos para proveer al sistema con el fluido? Cómo, con la increíble pobreza energética que padecemos, con el pequeño consumo eléctrico per cápita que contabilizamos y con el bajo PIB per cápita registrado, ¿se da cabida a discusiones estériles sobre decrecimiento? No se entiende.
Ha fracasado la política, la empresa y la sociedad. Pero la culpa debe recaer principalmente en esta última, en cuanto a su tecnocracia, academia, tanques de pensamiento e intelectuales; y, esto, por nuestra falta de comprensión del mundo, sus grandes transformaciones, oportunidades, retos y dificultades.
Como sociedad avanzamos muy lentamente. Se argumenta que estamos muy bien y que hay que construir sobre lo construido. Esto último es verdad, pero requerimos arreglar este galimatías regulatorio que en promedio produce unas 300 normas al año, la política no avanza y los problemas se agravan.
Hemos fracasado por una cultura de complacencia, falta de crítica. No somos suficientemente rigurosos - no investigamos en términos profundos, gozamos con la connivencia. No nos gusta enfrentar con decisión las dificultades y, cuando lo hacemos, nos extremamos desacertadamente - no lo hacemos con suficiente análisis, no lo llevamos hasta el final.
Pese a todo, sigo creyendo en romper este círculo vicioso contemporizador con los problemas: maquillaje de arreglo, deterioro de las condiciones y empeoramiento de las situaciones ¡Podemos superarnos como sociedad, pero requerimos soluciones que están a la mano y rupturas con fracasos de antaño!
Ahora bien, el pasado no es una condena. Propósitos y ejecutorias acertadas son posibles. Al presidente Petro le queda una cuarta parte de su gobierno y al nuevo, un año para prepararse. A pesar de que en energía todo toma mucho tiempo, son factibles acciones cruciales.
Se requiere redoblar esfuerzos para no solo evitar una catástrofe, sino para iniciar una salida a la amenazante situación de desabastecimiento y apagón.
Es posible: tomar medidas regulatorias inmediatas de flexibilización de la transmisión que viabilicen muchos nuevos proyectos que la requieren; facilitar la terminación de proyectos de generación que demandan apoyo gubernamental; realizar subastas de “energía” para proyectos de corto y mediano plazo que podrían sacarnos de apuros, además de lo obvio, incluyendo repotenciación hidroeléctrica y la geotermia (poner en funcionamiento la resolución 40337, 31 de julio 2025); promover 1 GW de generación distribuida; al mismo tiempo, realizar ajustes al CXCo. Todo esto hay que hacerlo, y hay con quien ¡si no, apague y vámonos!
La sostenibilidad de una nación o de una empresa no se hereda por decreto; se construye con la narrativa de quienes nos antecedieron
El saldo de la deuda social del país se reduciría mediante el impulso efectivo al desarrollo integral, con oportunidades para todos, no con impuestos absurdos. Es preciso conjugar audacia y método. Los frutos serían enormes