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En el amanecer del lunes 12 de octubre, cientos de supermercados franceses sufrieron un inusual ciberataque: sus sistemas de refrigeración fueron accedidos remotamente y manipulados para alterar los ciclos de descongelación de los equipos y elevar las temperaturas hasta 50 grados Celsius. Al regresar al trabajo, los empleados encontraron miles de productos deteriorados, equipos averiados y pérdidas millonarias.
En este punto, muchos lectores se estarán preguntando cómo es posible acceder remotamente a una nevera. La respuesta está asociada a un avance tecnológico que se ha venido expandiendo desde comienzos de siglo, conocido como el internet de las cosas (IoT). En palabras simples, consiste en conectar equipos y procesos a internet para intercambiar información, monitorear variables, ajustar parámetros de operación e incluso encender o apagar dispositivos. Su propósito es facilitar el control de las operaciones, mejorar la eficiencia y detectar oportunamente situaciones anómalas.
En 2025, la empresa israelí de ciberseguridad Claroty informó al fabricante danés Danfoss sobre diversas vulnerabilidades en sus controladores de refrigeración AK-SM. Entre ellas, la posibilidad de eludir los mecanismos de autenticación y acceder a funciones administrativas sin conocer la contraseña. En agosto de ese año, Danfoss publicó una actualización del firmware -el software que controla el dispositivo- que corregía estas vulnerabilidades.
Hasta este punto, todo parecía ir por buen camino. Sin embargo, muchas instalaciones continuaron operando con versiones antiguas del software, algunas incluso sin soporte del fabricante.
Todavía no se ha confirmado si los atacantes aprovecharon las vulnerabilidades identificadas por Claroty o utilizaron otro mecanismo. Pero aquí aparece el aspecto más inquietante de esta historia: después del ciberataque, investigadores de Claroty realizaron un experimento utilizando la IA Claude para analizar el firmware de Danfoss y reproducir las vulnerabilidades conocidas. Con información disponible públicamente y orientación de los investigadores, consiguieron tomar la administración de un controlador de laboratorio en apenas 28 minutos, con un costo de procesamiento de IA de aproximadamente US$6.
Detrás de este caso hay cuatro lecciones fundamentales:
Durante años, la preocupación por los ciberataques estuvo concentrada en el robo de información y las pérdidas económicas. Hoy, con la expansión del IoT y la IA, el riesgo adquiere una nueva dimensión: los atacantes pueden intervenir equipos y procesos de los que depende nuestra vida cotidiana.
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